La historia de los medios de comunicación en Paraguay se esculpió con la vibración de voces inolvidables y la paciente espera de la audiencia.
En los últimos 66 años, desde 1960, el oficio de informar estuvo marcado por la sobriedad, la rigurosa modulación y una mística hoy extinta: la de la noticia radial aguardada, aquella que congregaba a familias enteras alrededor de un receptor a horas milimétricamente establecidas, antes de que los móviles de exteriores y el vértigo de las redes sociales transformaran la información en un flujo permanente, inmediato y atomizado.
EL RITUAL DEL MEDIODÍA DE EMISORAS PARAGUAY
En ese ecosistema de fidelidad absoluta, Gerardo Halley Mora se consagró como una institución que merece un párrafo aparte.
Cada mediodía, la audiencia nacional aguardaba con reverencia la transmisión de la respetable ZP 10 Emisoras Paraguay. El ritual civil comenzaba puntualmente a las 11:45 con «El mirador de los sucesos», el espacio donde Halley Mora vertía su respetada opinión sobre el acontecer nacional.
Inmediatamente después, se daba paso al noticiero de la emisora, un engranaje perfecto de secciones fijas donde la crónica policial tenía un magnetismo propio.
Con el inolvidable eslogan de «los peligros del asfalto», Don Gerardo arrancaba la sección para relatar de inmediato, con tono grave y admonitorio, los accidentes automovilísticos ocurridos en las calles de la ciudad.
Sintonizar ZP 10 a esa hora no era solo un hábito, era la forma en que los paraguayos medían el pulso y los riesgos de su propia realidad.
Al término del noticiero arrancaba “Treinta minutos pasan volando”, espacio auspiciado por una compañía aérea.

LAS REDACCIONES DE PRENSA, CABLES Y OÍDOS
El trabajo detrás del micrófono era una artesanía de persistencia, agudeza y oído clínico. En ZP 3 Radio Asunción, autoproclamada con orgullo lírico en su artística como «Ondas doradas en los cielos de América», aunque la verdad física dictara que su modesta potencia no superaba los 15 kilómetros de alcance a lo sumo, la magia informativa dependía del ingenio humano.
Allí, el célebre Víctor Castro Montes ejercía con maestría como jefe de prensa y redactor principal. Castro Montes redactaba y leía cada hora los boletines informativos en un ejercicio de síntesis admirable: construía sus textos en tiempo récord basándose en lo que captaba escuchando las radios internacionales y lo que minuciosamente extraía de las páginas de los diarios impresos de la mañana, como ABC Color, La Tribuna y patria, en horas de la mañana y: La Tarde, en horario vespertino.
En Radio ZP 9 Comuneros la pulcritud, el orden y el rigor documental tenían el sello de Narciso Ríos, un pulcro redactor de noticias cuya precisión garantizaba la seriedad y el prestigio de cada salida al aire.
LA ALBORADA DE LA TELEVISIÓN

El nacimiento y la consolidación de la pantalla chica paraguaya cruzó los caminos de la radio y la televisión, creando verdaderos íconos multimedia que acompañaron el paso de las décadas. Una de las duplas más profesionales y representativas, tanto en la vida familiar como en el micrófono, fue la de Augusto Ocampos Caballero y de su esposa, Flora Giménez.
Ambos se convirtieron de forma simultánea en los rostros y las voces de la noticia, alternando con una naturalidad pasmosa entre los estudios de los canales de televisión y las cabinas de radio, llevando consigo un sello de credibilidad inquebrantable.
Antes de ellos, los primeros años de la década del sesenta ya habían sido sacudidos por el impacto internacional de El Reporter Esso, aquel mítico espacio informativo de cinco minutos que abría su transmisión con la célebre frase grabada en la memoria colectiva: «Noticias radiopreparadas por la United Press».
En la presentación de este comprimido difundido por las principales radios asuncenas, destacaba de forma impecable el locutor Noguera, cuya lectura obligaba a sincronizar los relojes de la capital con la fría precisión de los cables internacionales.
Poco después, el 29 de septiembre de 1965 con la inauguración de Canal 9 TV Cerro Corá, llegaría la alborada de la televisión paraguaya. Allí, Ricardo Sanabria inauguraría formalmente la era de los telediarios leyendo el noticiero de las tardes, entrando a la noche, con una prestancia aristocrática y un saco impecable frente a las cámaras.
PIONEROS DE LA SOBRIEDAD INFORMATIVA

La escena comunicacional de aquellos años dorados se completaba con un desfile de profesionales que entendían la locución como un servicio civil de alta responsabilidad. Figuras como Rodolfo Schaerer Peralta, Miguel Ángel Rodríguez, el maestro Héctor Velázquez y la sobria profundidad de Víctor Boubouth Chávez marcaron el ritmo y la compostura de los informativos principales.
Del mismo modo, el interior del país enriquecía el dial de la capital con talentos de la talla de Getulio Arrúa Vinader, quien tras foguearse en ZP5 Radio Encarnación trajo a Asunción un timbre robusto y nítido que conquistó las cabinas de Radio Paraguay, Chaco Boreal y Radio Primero de Marzo.
La presencia femenina alcanzó su cumbre histórica con Susana Ibáñez Rojas, la primera mujer en conducir de manera formal un noticiero central en la televisión paraguaya, rompiendo moldes al estructurar los avances informativos de la noche junto a Velázquez en el legendario «Noticiero Hora 20».
EL FIN DE LA HORA EXACTA
Hoy, en pleno siglo XXI, el panorama ha mutado de forma irreversible. Las radios ya no informan cada hora ni detienen su programación regular para emitir un boletín solemne; la noticia se relata en tiempo real, al instante en que ocurre, impulsada por los cronistas en sus teléfonos móviles desde las calles o a través de las actualizaciones instantáneas en las redes sociales.
Se ha ganado en velocidad y en cobertura democrática, pero se ha perdido de forma definitiva aquel misticismo de la cita obligada a una hora fija.
Esta crónica rinde un justo homenaje a aquellos tiempos de la noticia radial aguardada, cuando la voz de un locutor paraguayo, provisto solo de un fajo de hojas mecanografiadas y una laringe privilegiada, era el único faro certero para conectar a un país entero en medio de la jornada.