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Dios, Patria y Familia

¿QUE ES MEJOR: DÍA DEL PERDÓN O DÍA DE LA IGLESIA EVANGÉLICA?

Se presentó en el Parlamento Nacional un proyecto que apunta a declarar el 31 de octubre como Día de la Iglesia Evangélica del Paraguay ¿No sería mejor instaurar un DÍA DEL PERDÓN en una sociedad cargada de ofensas, malquerencias, maldiciones lanzadas?

Puedo entender el propósito de la iniciativa en el sentido de reconocer al evangelismo como el vehículo que ha traído con fidelidad el mensaje de salvación de multitudes. La Iglesia Evangélica es hoy por hoy la gran defensora de los principios y valores cristianos que están en cada piedra de los cimientos de nuestra nación.

Pero ¿rendir homenaje a la iglesia que la podemos interpretar como una organización o destinar una jornada a cumplir el compromiso moral y espiritual inserto en el Padre Nuestro y que no lo cumplimos a cabalidad?

“Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a nuestros ofensores”.

(Mateo 6:12)

“¿Así como también nosotros perdonamos?” Salvo excepciones, es una mera declaración de boca para afuera sin sustento real en el contexto general porque luego uno lee pasacalles con expresiones tipo “NI OLVIDO NI PERDÓN” o comentarios y mensajes del estilo “que te perdone Dios pero yo no te voy a perdonar”.

Vivimos en un ambiente recargado de rencores que dificultan un relacionamiento adecuado en la política, la sociedad misma, la familia. Muchas ofensas que desgastan relaciones, necesitan de una válvula de liberación de tensiones espirituales.

«Te perdono, José, por lo que me hiciste, el Señor guíe tus pasos», «perdóname María y Dios te proteja», «Señor perdona a mi familia, no apartes tu misericordia de nosotros», Un día en que nos liberemos de enconos.

Hace falta ese día para abrir las compuertas de los sentimientos malignos acumulados y que la iglesia exhorte a la liberación de las ofensas que probablemente cada habitante de la República ha venido cargando como una pesada mochila de angustia.

Debemos autoconvocarnos como pueblo para hacer real esa declaración «así como nosotros perdonamos». Escuchando la radio o viendo la TV no pasan dos minutos para que se suelte una nueva ofensa, una maldición que aunque nadie lo entienda así, produce una alteración maligna del ambiente que se vuelve cargado de maldades en la atmósfera.

La Biblia llama a Satanás “príncipe de la potestad del aire”, señal de que tiene autoridad (potestad) como gobernante invisible que corrompe el aire que respira el mundo apartado de Dios. Como el Creador nos hizo “a su imagen y semejanza” y Él todo lo creó con su palabra, tenemos el poder de la palabra que sana o maldice: “En la lengua hay poder de vida y muerte; quienes la aman comerán de su fruto”. (Proverbios 18:21)

Hay un impacto real en lo que decimos ya sea para edificar, animar o sanar o bien, para herir, desanimar, destruir a los demás. Dios nos exhorta a bendecir y no a maldecir porque nos quiere proteger de la alteración negativa del espacio en el que nos desempeñamos y el propio Jesús nos lo aclara muy bien:

“No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre”. (Mateo 15:11)

Declarar en Paraguay un “DÍA DEL PERDÓN” tendrá un propósito y un efecto de indiscutible poder espiritual. Probablemente no todos van a perdonar las ofensas recibidas pero sobrevendrá mucha sanidad por el cumplimiento del un principio: “Perdónanos como nosotros perdonamos”.

La recordación deberá estar precedida de una campaña de acción de gracias en todas las iglesias del país para entender la trascendencia de una acción colectiva de soltar el rencor y abrir las puertas a una lluvia de bendiciones sobre la nación.

Necesitamos reconocernos imperfectos y ser tolerantes unos con otros un día, tan solo un día, pero es una semilla pequeña de la que puede surgir un frondoso árbol de bienestar. Perdonar no implica aceptar la ofensa sino decidir sanar el dolor que nos causó. No es permitir abusos sino alcanzar paz personal quitando el deseo de retribuir mal con mal. Es cortar la dinámica maligna que tiende a llevarnos a la amargura.

Perdonar, es divino.

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.