¿Hemos estado cumpliendo un propósito bíblico como país? Cuando japoneses, alemanes, ucranianos, rusos, polacos, debieron huir de la guerra destructiva, encontraron que Paraguay era el mejor destino posible y vinieron con sus culturas a edificar una nación que no era suya.
En el libro de Josué (capítulo 20:1,9) Dios ordenó que se establecieran ciudades de refugio para gente que fuera perseguida sin que mereciera castigo y esos lugares debían acoger a nacionales como a extranjeros para que tuvieran una oportunidad, una esperanza.
En un concepto alineado a ese propósito divino, Paraguay ha venido cumpliendo esa misión de acoger a comunidades extranjeras que debieron huir por circunstancias fuera de su control que les bloqueaba la perspectiva de vivir y desarrollarse en su propio territorio.
Así, germanos menonitas debieron huir de la Revolución Bolchevique desde zonas que hoy pertenecen a Ucrania (Chortitzia y Zaporitzia) y se instalaron en nuestro país. Hoy sus cooperativas configuran una potencia económica y financiera que nos empuja hacia adelante.
Mucho antes de que las bombas atómicas explotaran sobre Hiroshima y Nagasaki el panorama en la Isla no era bueno y la situación expulsó a familias japonesas que llegaron al Paraguay. Japón no ha olvidado la mano abierta que el Paraguay extendió a sus compatriotas que hoy prosperan produciendo alimentos para el Sol Naciente.
Justamente, los príncipes herederos del Japón Akishino y Kiko se encuentran en Paraguay en el marco de la celebración de la migración nipona iniciada 90 años atrás. Se reunirán con colonos de La Colmena, Yguazú y analizarán la producción de alimentos y las exportaciones en un tiempo de guerra que altera las rutas marítimas por razones de seguridad.
Cuando la guerra dividió a Corea, muchas familias de aquella lejana nación también encontraron en territorio nacional el espacio para su prosperidad en libre desarrollo de su cultura, su idioma y sus planes.
Hoy las comunidades extranjeras que buscaron resguardo aquí en el centro de Sudamérica, disfrutan del haber multiplicado sus talentos. Son grandes aportadores al producto interno bruto paraguayo y claramente han sido de bendición por su trabajo, sus inversiones. Su desarrollo económico y cultural ha venido a sumar enormemente en un contexto de diversidad que nos hace sentir satisfechos.
CRISTO ES EL REFUGIO
En el Antiguo Testamento, las ciudades de refugio representaban al Mesías que un día cumpliría la misión de ser nuestro amparo. El Nuevo Testamento vino a confirmar que en Él encontramos paz verdadera, nuestro descanso cuando las cargas nos pesan y nos hacen desfallecer.
Salmo 46:1: «Dios es nuestro refugio y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia».
Salmo 91:2: «Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío».
Mateo 11:28: «Vengan a mí (Jesús habla) todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso»
Refugio de alemanes, japoneses, coreanos, ucranianos y gente de otras naciones. Claro que Paraguay ha estado cumpliendo un propósito bíblico y las bendiciones han sido derramadas generosamente sobre nuestro suelo.
Es bueno reflexionar sobre los rasgos de hospitalidad que nos caracterizan a los paraguayos desde una perspectiva bíblica y entender las enormes bendiciones que recibimos cuando, por apartarnos de los estatutos de Dios mereceríamos juicio. Sin embargo, el Señor es misericordioso y fiel a su esencia: Es amor.
Que nunca desaparezca la hospitalidad como atributo del ser nacional. Es un modo de amar.