La historia de las naciones se moldea con la templanza de hombres que saben conciliar la alta diplomacia con el latido profundo de la tierra. César Romeo Acosta encarnó esa singular estirpe. Nacido en la histórica Humaitá el domingo 30 de julio de 1911, su vida transitó entre los despachos donde se definía el destino financiero del Paraguay y los campos de Guairá, donde su visión vanguardista transformó la ganadería nacional.
SU CONSAGRACIÓN JURÍDICA
Su juventud quedó sellada por el deber patriótico como excombatiente de la Guerra del Chaco, una experiencia que forjó el carácter firme que demostraría en la vida pública.
Al regresar de la contienda, buscó en las leyes el instrumento para reconstruir el país. Se graduó como abogado en la Universidad Nacional de Asunción, casa de estudios donde su prestigio intelectual lo llevaría a ocupar el decanato de la Facultad de Derecho.
Su brillantez jurídica no tardó en traspasar fronteras. El viernes 26 de enero de 1945 fue nombrado consejero de la Embajada del Paraguay en Washington.
Fue en el escenario internacional de la posguerra donde su firma adquirió una dimensión imperecedera: Acosta fue el portador del voto decisivo de Paraguay ante las Naciones Unidas que propició el nacimiento y reconocimiento de Israel como Estado soberano.
EN EL BANCO CENTRAL DEL PARAGUAY

El antiguo billete de 1.000 guaraníes con la firma de Romeo Acosta.
De regreso a su patria, inició una trayectoria impecable en la banca matriz, sirviendo como asesor jurídico, director y, finalmente, presidente del Banco Central del Paraguay.
Su gestión al frente de la institución se extendió por tres décadas, un periodo de notable estabilidad que concluyó en la madrugada del viernes 3 de febrero de 1989.
Bajo su visión y liderazgo directo se concibió y erigió el imponente conjunto arquitectónico del Banco Central del Paraguay, una obra monumental que redefinió el paisaje urbano de Asunción.

Sede central del Banco Central del Paraguay concebido por su entonces presidente, César Romeo Acosta.
Concebido no solo como un centro financiero sino como un polo cultural para la nación, Acosta impulsó la construcción de un complejo de vanguardia que incluyó un soberbio teatro de acústica perfecta y salas de convenciones destinadas al debate académico.
El edificio, de líneas modernas y estructuras de hormigón que proyectaban solidez institucional, se convirtió en el reflejo físico de la modernización económica que él comandaba.
En justo homenaje a su vasta contribución cultural, el BCP inauguró en diciembre de 2018 la biblioteca institucional que legítimamente lleva su nombre.
SU ESTANCIA EN ITAPÉ
Más allá de los rigores de la economía, el alma de César Romeo Acosta pertenecía al campo. Como ganadero en Itapé, departamento de Guairá, volcó su obsesión por la excelencia y la modernidad en un establecimiento rural que se convirtió en leyenda por su sofisticación técnica durante las décadas de 1970 y 1980.
Su estancia desafiaba los estándares de la época.
Los corrales, de una estética pulcra y robusta, estaban construidos con postes de tajy apyteré de hasta cuarenta centímetros de circunferencia, pintados en un sobrio tono marrón cerámica.
En un despliegue de bienestar animal inaudito para esos años, los bretes contaban con ventiladores de techo y un cepo de alta precisión que inmovilizaba por completo al ganado, garantizando un manejo seguro y avanzado.
Este profundo arraigo lo convirtió en el principal benefactor de Itapé. Su influencia política, social y económica fue el motor gravitante para que la comunidad fuera elevada con éxito a la categoría de distrito.
Su generosidad, sus gestiones ante los poderes del Estado y su liderazgo civil transformaron la infraestructura local, un hecho que quedó registrado con admiración en las crónicas regionales del historiador Agustín Corrales Virasoro, quien inmortalizó el impacto de Acosta como el gran propulsor del desarrollo guaireño.
Su establecimiento es evocado por haber sido usada su pista de aterrizaje para trasladar la imagen de la Virgen de Caacupé a Itapé el 16 de diciembre de 1954.
A Romeo Acosta recuerda el pueblo de Itapé por haber ayudado par la creación y construcción del Centro de Salud local.
En el ámbito privado, compartió su vida con Angélica Vázquez, su respetable esposa. El linaje familiar continuó a través de su hija, María Cristina Acosta Vázquez, quien en febrero de 1963 contrajo nupcias con el ciudadano belga Henry Desiré León Ceuppens Van Campenhout (1935–2011), uniendo la estirpe paraguaya con raíces europeas.
César Romeo Acosta cerró los ojos a la vida terrenal el sábado 12 de diciembre de 1992. Dejó tras de sí el recuerdo de un hombre polifacético: el soldado que defendió el suelo, el abogado que enseñó la ley, el diplomático que firmó la historia universal, pero, por sobre todo, el visionario ganadero que sembró progreso en el corazón de la tierra guaireña.