Esta es una pregunta que muchos hacen cuando el pueblo es convocado a reunirse para adorar a Dios, pedirle perdón y clamar por su ayuda, su protección, su guía. No es un encuentro de “aburridos” como algunos piensan.
Antes de analizar nuestro rol de seres creados por el Todopoderoso, primero veamos lo que Él nos dice:
“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra”. (2 Crónicas 7:14 )
En poquísimas palabras nos expone que el maratón responde a sus propósitos con la ventaja de que Paraguay acata un requisito bíblico que pocas naciones cumplen. Dice “…mi pueblo SOBRE EL CUAL MI NOMBRE ES INVOCADO”.
La Constitución Nacional, en su preámbulo invoca a Dios y estatuye, decreta, establece:
“El pueblo paraguayo, por medio de sus legítimos representantes reunidos en Convención Nacional Constituyente, invocando a Dios, reconociendo la dignidad humana con el fin de asegurar la libertad, la igualdad y la justicia, reafirmando los principios de la democracia republicana, representativa, participativa y pluralista, ratificando la soberanía e independencia nacionales, e integrado a la comunidad internacional, SANCIONA Y PROMULGA esta Constitución”.
Que la ley suprema invoque a Dios es fuente de enormes bendiciones para nuestra nación. Muchos extranjeros vienen y encuentran paz aquí. No es casualidad. Cuando el Señor dice “sanaré su tierra” ahí se sustenta la extraordinaria producción del agro, tierra fértil.
La oración es la comunicación directa de los hijos de Dios con su Padre. Orar es hablar -en el nombre de Jesús- a Dios con fe y confianza. Imaginate un plano espiritual en el que hay dos sillas, en una tu estás sentado y en la otra el Señor mismo y entablás una conversación de hijo a Papá.
No es un Dios lejano y escrito está: “El Señor está cerca de todos los que lo invocan, De todos los que lo invocan en verdad”. (Salmo 145:18)
El maratón de oración es un encuentro colectivo que lleva la representación nacional. Es el pueblo paraguayo y extranjeros que habitan aquí invocando a Dios para que nos proteja, nos ilumine y encamine. Tiene una trascendencia enorme y no la podemos dimensionar, pero es de incalculable valor espiritual.
Sin embargo, el Señor espera que tu mismo hagas a título personal lo que se va a hacer en público. Miren lo que nos dice el Todopoderoso:
“Pero tú, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará en público”. (Mateo 6:6)
Sensacional ¿No?
Estás triste, las cosas no te salen como esperabas, hay problemas en tu familia, es momento de encerrarte en tu cuarto y presentarle al Señor tus súplicas. Pero no solo cuando estás en problemas. También cuando todo te va bien, tus negocios prosperan, todos en tu familia están sanos y felices. Agradece entonces. No seas ingrato con el que derrama bendiciones sobre tus caminos.
Insisto. Háblale como de un hijo a su Padre. Él espera que lo hagamos ¿Acaso en nuestra niñez no éramos felices cuando Papá retornaba del trabajo a casa? ¿Acaso no veíamos la hora de aguardar que el domingo nos hiciera una pandorga para hacerla volar y disfrutar corriendo tras el viento? Con el Padre eterno, el gozo es muy superior.
Miren lo que nos dice el Señor:
“No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:6-7)
Que suene fuerte el ¡AMÉN!