Publicidad
Espacio disponible
Clima
--° Asuncion
Asuncion, PY
Cotizaciones
USD -- BRL -- ARS --
en guaranies
Publicidad
Espacio disponible
Periodistas que hacen periodismo
Asuncion, Paraguay |
Dios, Patria y Familia

POR QUÉ EL FÚTBOL PARAGUAYO VALE MENOS

“No un neófito, porque inflándose no caiga en juicio del diablo”. (1 Timoteo 3:6)

El sueño de todo futbolista que emerge es ser transferido a Europa. Algunos logran el objetivo siendo muy jóvenes y encuentran dificultades enormes para encajar. Pocos lo logran en tanto que muchos son derivados a clubes menores, se diluyen y hasta terminan retornando al balompié nacional con el poncho de fracasados.

A igualdad de talentos con futbolistas argentinos o brasileños, los paraguayos son adquiridos a un tercio del valor. Están desvalorizados y aquí aparece un punto ineludible vinculado al versículo bíblico con el que inicio el comentario.

 

Si el periodismo califica al jugador como “la revelación”, “el diferente”, “la joya”, se la cree sin filtros sin entender que a su juventud aún es un neófito, un principiante en ligas de alta gama. El jugador cree estar listo pero por su soberbia se hace difícil de ser enseñado. La prensa local dirá que “el técnico no le quiere porque es paraguayo” y no se trata de discriminación. No no se percibe que por creer que lo sabe todo, el jugador no responde a la táctica del estratega. Mantiene los vicios que llevó de su juego local.

Claro que hay talento indiscutible, pero debe ser moldeado y eso es difícil en un adicto a sensaciones inmediatas. No entienden que hay un proceso que lleva trabajo, sometimiento, tiempo de constancia y de tener la capacidad de crecer y triunfar.

Aflora la inmadurez emocional. Jugadores que publican tonterías en sus redes sociales, priorizan el aplauso, el tatuaje, el recorte y coloreado del pelo. Le dan importancia a lo externo y como dice la Biblia, se vuelven orgullosos, caen en el pecado de soberbia que condenó al diablo.

Se necesita la capacidad de regular sentimientos, dejar atrás el egocentrismo, tomar decisiones conscientes basadas en la experiencia, aceptar errores, tolerar la frustración y mostrar empatía hacia los demás. Estos son factores fundamentales para que el director técnico “quiera al jugador paraguayo” en su equipo.

Que no se “infle” porque es una trampa. Primero tenga dominio propio, crezca en carácter para no ser como un árbol que crece de copa y no de raíz. Un viento lo tumba.

Que un club europeo adquiera al futbolista paraguayo es porque su talento es visible. Los noticieros del mundo se harán eco de que tal jugador fue adquirido por determinado club del viejo mundo, pero entendámoslo de una vez: la exposición mediática no revela madurez; la exige. Y si no hay madurez, la exposición mediática amplifica su ausencia.

Desconozco el caso de los futbolistas argentinos y brasileños pero el paraguayo joven, necesita un tutor que lo ayude a madurar, le haga ver las cosas prioritarias, lo lleve paso a paso.

Madurez es la clave. Jesús no inició su ministerio sino a los 30 años. Moisés fue llamado por Dios a cumplir la trascendente misión de liberar a su pueblo de cautiverio en Egipto cuando tenía 80 años. Es cierto que David fue llamado muy joven pero tuvo que pasar pruebas durísimas para madurar y recibir el encargo de reinar sobre su pueblo.

Es cierto, Juan el evangelista fue llamado a caminar con Jesús cuando apenas era un mozalbete, pero se dejó enseñar. Caminó en obediencia y Jesús lo cuidó con paciencia hasta que fue llamado a escribir Apocalipsis ya en su ancianidad. Timoteo, el apóstol, fue llamado muy joven pero Pablo lo discípulo con dedicación y paciencia.

El entorno del futbolista debe saber discernir y aconsejar sobre el aplauso antes de tiempo y no caer en un error dañino. El aplauso que importa es el que aparece como la consecuencia de que la gente se ha convencido de que la adquisición del jugador valió la pena.

El ser humano -no solo el futbolista- debe formarse interiormente para fortalecer sus talentos. Que ese tiempo de adaptación al juego del nuevo club sea como el taller que refuerza lo que está débil. Trabajar las debilidades permite aguantar los desafíos de una mejor manera.

Necesitamos humildad, entender que debemos madurar y hay gente que puede ayudarnos a evolucionar interiormente. Los tatuajes, los recortes de pelo y su colorido no son lo primero. Sirven para inflar el ego pero no conforman la esencia de un futbolista de élite.

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.