Cuando apareció en televisión, proyectó una imagen agradable, sin soberbias. Dijo que muchos disputaban por ser el “Número 1”, pero él modestamente se consideraba segundo y le cayó simpático a todos. Hoy se debate dentro de un cuadro sanitario crítico.
Animaba fiestas, tenía un programa televisivo de música y danzas los sábados a la siesta y le iba bien. Era bueno en lo que hacía y fue construyendo su figura y negocio con amenidad. La prosperidad sopló a su favor y un día golpearon sus puertas con una propuesta política: Candidatura para la gobernación de Central.
Impulsado por los vientos de la cachaca que llevaron su barca a buenos puertos, ganó las elecciones y de “Número 2”, pasó a ser el número 1 en el Departamento Central.
“Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores”. (1 Timoteo 6:9,10)
“Tentación y lazo”. Es bueno entender que en el mundo espiritual que es donde se toman las decisiones y luego se revelan en el plano visible, hay un “tentador” maligno que usa un “lazo” para atrapar a su víctima. Par decirlo de un modo figurado y popular: funciona como la zanahoria y el burro porque su propósito es el engaño astuto para que la víctima sea atrapada y destruida.
“Codicias necias y dañosas”. Claramente el Espíritu Santo que inspiró al apóstol Pablo a escribir este mensaje nos advierte que el afán desmedido por la riqueza conduce a la perdición espiritual y emocional por la carencia de sabiduría.
“Hunden a los hombres en destrucción y perdición”. Diariamente vemos personas caer de su elevado pedestal porque mordieron el anzuelo. Es penoso que el, alguna vez, admirado “Número 2” viva las circunstancias que hoy enfrenta. No se sabe bien cómo ocurrieron los hechos que lo llevaron a una postración extrema pero ya el caso fue usado políticamente por inmorales que toman un caso aflictivo para acusar sin pruebas a los adversarios.
El Señor Todopoderoso extienda su mano sanadora sobre Hugo Javier y en su incomparable misericordia lo perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. Que le conceda la oportunidad de meditar y aceptar a Jesús como salvador y se convierta en hijo de Dios.
“Porque raíz de todos los males es el amor al dinero, codiciado por algunos, se extraviaron de la fe y fueron traspasados de muchos dolores”. El Señor es claro, el problema no es el dinero sino “el amor” al dinero, la codicia. La causa de los tropiezos está en endiosar la plata.
La Biblia nos presenta a ricachones fenomenales como Abraham, Lot, David, Salomón (considerado hoy uno de los hombres más ricos de la historia de la humanidad). En el Nuevo Testamento se menciona a José de Arimatea, el que fue a retirar el cuerpo de Jesús luego de la crucifixión y corrió con todos los gastos. Todos ellos usaron el dinero como herramienta y no como fin En ellos se refleja la figura del “Buen Samaritano”.
El gran problema de nuestra sociedad es el desconocimiento de la Biblia que es la palabra de Dios revelada a los hombres. Decía un predicador que uno no lee la Biblia sino que la Biblia le lee a uno. Se trata de una lectura confrontativa. A medida que uno va conociendo el pensamiento y el propósito de Dios, uno se va mirando en un espejo que le devuelve una imagen que no le agrada.
El arrepentimiento y la conversión garantizan la salvación, pero a partir de ahí empieza un proceso que lo va apartando de aquello que era y ya no quiere ser. Es lo que hace que muchos en la cárcel, durante sus noches de insomnio, sean iluminados por Jesús y salgan de entre las rejas conversos, cristianos y criminales nos narren su testimonio de vida santa ¿Jesús hace su visitación a las cárceles? Claro, escrito está:
“…pero donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia”. (Romanos 5:20b)
Donde más pecadores juntos hay es la cárcel y ahí hay gracia de Dios, perdón para el que se arrepiente porque ese perdón es más grande que el error humano. La misericordia del Señor siempre es más grande.