Un técnico de fútbol ganará 500 mil U$ mensuales. El salario mínimo de un trabajador peleando por el sustento diario apenas llega a 500 U$. Del otro lado, un elevado porcentaje de estudiantes no entiende lo que lee ¿Dónde está nuestro tesoro?
Muchas cosas funcionan muy bien en el país y son nuestro tesoro. La economía es sana, las inversiones productivas aumentan, estamos a la cabeza del crecimiento económico, pero necesitamos redefinir e identificar nuestros otros tesoros y poner en ellos el énfasis en tiempo, recursos, amor.
Lo que una persona, una nación más valora, ama o persigue en la vida, es su tesoro y queda claro que el corazón guiará la inversión de tiempo, energía, recursos en lo que más valora. Jesús hablaba en el Sermón del Monte sobre la diferencia de los tesoros terrenales y los tesoros espirituales, la importancia celestial de estos últimos.
Y dijo:
«No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón» (Mateo 6:19,21).
Exponía que hay tesoros pasajeros que se diluyen en un partido de fútbol, en una fiesta y en el peor de los casos en un vicio, una adicción, en el amor al dinero «raíz de todos los males» porque precipitó a muchos a una dolorosa caída.
Jesús nos estaba diciendo que cuando invertimos tiempo, energía, dinero en causas que nos edifican, nos proyectan y nos acercan a Dios, estamos acumulando riquezas celestiales, galardones eternos que encumbrarán nuestra existencia hasta incluso reinar con Jesús, Rey de Reyes, Señor de Señores.
El tesoro es todo lo que está por encima de cualquier otra motivación y nos impulsa a la acción y existen multimillonarios terrenales que también acumulan riquezas en el cielo porque usan el oro y la plata para hacer el bien. Y muy bien por ellos.
Pero hay personas que esperan bendiciones del cielo cuando sus actos, su inversión se aparta de Dios. Endiosan la fama, la exposición pública, el deleite sexual, muchos «tesoros» terrenales que compiten por el control de su corazón y viven atrapados en lo pasajero.
«Y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito». (Job 1:21)
Job era un potentado de su época. Contaba con 3 mil camellos, 500 yuntas de bueyes, 500 burras todas para su negocio de transporte de cargas. Era un hombre fiel a Dios y daba banquetes a sus 10 hijos para luego ofrecer holocaustos y sacrificios a Dios, por temor a que hubieran pecado u ofendido la majestad del todopoderoso. Acumulaba riquezas en la tierra pero también en el cielo.
Un día lo perdió todo, pero en su fidelidad bendijo a Dios con el pasaje transcripto. Dios le duplicó su riqueza y pasó a tener 6 mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil burras. No sabemos cómo anda don Job en la eternidad, pero su posición debe ser magnífica.
En estos días se publica que 8 de cada 10 estudiantes (80 %) de 15 años no entienden lo que leen en Paraguay. No hay lectura comprensiva. Muchos equipos electrónicos se destruyen porque si se lee el manual, no se entiende y el mal uso estropea algo costoso por falta de entendimiento.
«Juventud divino tesoro» decíamos antes. No. Nuestro corazón se ha apartado de ese tesoro y el rendimiento académico lo afirma y confirma. En unos días habrá celebraciones por el «Día de la Juventud» y los frutos que vemos no son precisamente bases para festejar.
Reflexionemos y veamos cómo cuidar mejor nuestros tesoros.