La usina hidroeléctrica Yacyreta ya no es suficiente para la creciente demanda de energía eléctrica en Paraguay. Tampoco la de Itaipú. Carrera contrareloj.

El 2 de septiembre de 1994, la central binacional encendía su primer motor comerciales generando puros excedentes para el país. Hoy, con un consumo que escaló 18,3% en el primer semestre de 2026, los expertos advierten que la matriz hidroeléctrica se agotará para el 2030.
(Redacción 24/7)
Aquella imponente obra compartida entre Paraguay y Argentina prometía un horizonte de energía limpia inagotable. Tres décadas atrás, la ecuación era simple: Paraguay generaba electricidad de sobra, el consumo interno apenas rozaba una fracción de su derecho binacional y el resto se exportaba (o cedía) al vecino país.
Hoy, la realidad ha dado un vuelco dramático. Lo que solía ser un excedente eterno se ha convertido en una cuenta regresiva.
El despertar industrial urbano
El crecimiento poblacional, los procesos de urbanización y la vertiginosa multiplicación de industrias transformaron radicalmente el perfil de consumo paraguayo. A estos factores tradicionales se suma el desembarco masivo de sectores de consumo intensivo especial, como los centros de datos (data centers) y la minería de criptoactivos, que presionan de forma constante el tendido nacional.
Las estadísticas oficiales de la Administración Nacional de Electricidad (ANDE) del cierre del primer semestre de 2026 exponen con crudeza esta aceleración:
Incremento semestral: El consumo eléctrico acumulado a nivel país registró un salto del 18,3% en comparación con el mismo período de 2025. Récord histórico: Durante el primer trimestre del año, el Sistema Interconectado Nacional (SIN) tocó un techo de potencia máxima de 5.752 MW.
Dependencia extrema: Para cubrir los picos de demanda, el país ya opera al límite de su disponibilidad técnica, donde Itaipú aporta el 74%, Yacyretá el 24% y la central local de Acaray apenas el 2% restante.
La temida «Línea Roja» del 2030
Especialistas del sector energético y exautoridades reunidos recientemente en foros técnicos coordinados por el Instituto de Profesionales Paraguayos del Sector Eléctrico (IPPSE) han encendido las alarmas. Bajo las tasas actuales de crecimiento de la demanda —que promedian entre un 8% y un 10% anualizado en el último quinquenio—, la capacidad de generación combinada de las represas disponibles quedará completamente absorbida por el mercado local entre los años 2028 y 2030.
«Se acabó la lógica de considerar la energía en Paraguay como infinitamente abundante y barata», sentenciaron los analistas durante el debate. Al ritmo actual de consumo, el país asimilará la totalidad de la potencia que le corresponde por tratado en las binacionales en un plazo menor a cuatro años, abriendo el riesgo de apagones estructurales y restricciones productivas si las inversiones de base no llegan a tiempo.
En busca de nuevos generadores «de cualquier origen»
Ante el inminente fin de los excedentes hidroeléctricos, el Gobierno paraguayo y la ANDE se encuentran en una carrera contrarreloj para diversificar la matriz energética y evitar que la falta de suministro frene la competitividad económica del país.
El plan estratégico ya no discrimina orígenes tecnológicos:
Pequeñas Centrales Hidroeléctricas (PCH): El Ejecutivo impulsa proyectos licitatorios para construir más de 20 minicentrales en ríos internos, apuntando a una inversión estimada de USD 1.400 millones.Apuesta Solar en el Chaco: Si bien su aporte aún es incipiente, plantas fotovoltaicas como la de Puerto Esperanza (Chaco paraguayo) ya inyectan energía limpia al sistema nacional, abriendo el camino para grandes parques solares proyectados en la región occidental.
Energías no convencionales y alternativas: En las carpetas técnicas gubernamentales y del Congreso ya se debaten normativas de fomento para fuentes eólicas, biomasa avanzada e incluso estudios preliminares sobre el potencial minero del uranio enfocado a futuros horizontes de energía nuclear.
Hace 32 años, los operarios que pusieron en marcha la primera turbina en Yacyretá celebraban el inicio de una era de derroche energético positivo. Hoy, la posta del sector eléctrico nacional es radicalmente distinta: ya no se busca a quién venderle los excedentes, sino de dónde extraer los megavatios necesarios para mantener encendido el motor del desarrollo paraguayo.