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Economía

REVOLUCIÓN BLANCA, CÓMO EL SECTOR LÁCTEO TRANSFORMÓ LA ECONOMÍA

La marca paraguaya es conocida en varios países cuando de leche en polvo se trata.

El progreso de un país no siempre se mide en toneladas de acero o rascacielos de cristal; a veces, se mide en litros de leche. Hoy vemos las góndolas de nuestros supermercados repletas de una variedad infinita de productos nacionales e incluso celebramos la consolidación de Paraguay en los mercados internacionales.

Sin embargo, para entender la verdadera magnitud de este despegue económico —que hoy posiciona a la cadena láctea como un negocio de USD 1.000 millones con un crecimiento anual proyectado del 7,7% – es necesario mirar hacia atrás y recordar de dónde venimos.

Hace sesenta años, el panorama era radicalmente distinto.

A mediados de la década de 1960, la Estabilizadora Paraguaya de Alimentos (EPA) intentó dar un paso audaz hacia el desarrollo lechero con la introducción de la leche esterilizada.

Publicidad a página entera en Abc Color de la leche esterilizada EPA.

Fue un proyecto visionario que buscaba moldear el futuro, pero que lamentablemente no prosperó y desapareció en menos de veinte años.

Mientras la vecina Argentina ya industrializaba el sector y producía la famosa leche en polvo «Nido», en Paraguay el día a día se movía a otro ritmo, mucho más artesanal y folclórico.

Los más memoriosos recordarán con nostalgia las mañanas de aquella época. La leche cruda se vendía directamente en las calles, transportada a pulso por sacrificadas vendedoras, en carros o en las ya míticas camionetas Peugeot 403 y 404.

El paisaje urbano incluía a los niños auxiliares, quienes bajaban a las apresuradas de los vehículos para depositar el líquido blanco en las cacerolas que las dueñas de casa dejaban estratégicamente en los portones.

Años atrás, ordeño de vaca en Rio Verde, San Pedro.

Era un Paraguay de cercanías, pero con un enorme desafío sanitario y logístico por resolver. En aquel entonces, el consumo per cápita era mínimo; una realidad que se ha transformado drásticamente, pues el consumo interno actual promedia los 138 a 140 litros de leche por habitante al año, duplicando los registros de aquellas décadas.

El verdadero punto de inflexión llegó en la década de 1980. Con la llegada de la tecnología «Larga Vida» – una innovación impulsada por la visión y el trabajo de las colonias menonitas del Chaco – el tablero cambió por completo.

Por primera vez, el productor lechero nacional se dio cuenta de que tenía las herramientas para trabajar en serio, respaldado por un mercado que alentaba activamente su progreso. La cadena de frío y la conservación tecnológica le dieron alas al sector.

Pero el gran despegue, el momento en que la ganadería lechera paraguaya demostró que estaba para grandes cosas, ocurrió en Campo Nueve, Caaguazú.

Allí se instaló la capacidad de producir, por primera vez en nuestra historia, leche en polvo paraguaya con calidad de exportación. Lo que antes mirábamos con sana envidia en los productos importados, ahora se fabricaba en suelo guaraní.

Esta industrialización permitió que la producción nacional rompa récords históricos: Paraguay ya supera los 2,6 millones de litros diarios de leche procesada, lo que permite sobrepasar la barrera de los 1.000 millones de litros producidos al año.

Desde Campo Nueve, Caaguazú, a todo el país.

Hoy, la leche en polvo nacional ya no es un sueño de visionarios, sino una sólida realidad que inyecta dinamismo y desarrollo a la economía.

Las cifras oficiales son contundentes: al cierre de julio de 2026, las exportaciones del complejo lácteo paraguayo se duplicaron, superando los USD 49,6 millones (con más de 13.700 toneladas enviadas al exterior, principalmente a Brasil).

El rubro lácteo ha logrado generar una balanza comercial netamente positiva para el país. Paraguay ya no solo abastece con creces su mercado interno, sino que exporta este y otros derivados de calidad premium, compitiendo de igual a igual en exigentes mercados extranjeros.

La próxima vez que sirva un vaso de leche en su mesa, recuerde que detrás de ese gesto cotidiano hay seis décadas de historia, un cambio cultural profundo, 10.000 empleos industriales directos y el esfuerzo de miles de paraguayos que transformaron el viejo tarro de la camioneta en una plataforma industrial que hoy es un indiscutible orgullo nacional.

Efraín Martínez Cuevas
Escritor y periodista
Escritor y periodista. Autor de «Carlos Alfaro, el devoto de la literatura francesa» (El Foro, Asunción, 2025).