Un día como hoy
Sandro, Roberto Sánchez Ocampo hubiera cumplido hoy 81 años de edad, pero solo pudo estar 64 años en este mundo donde como cantante y actor supo ganarse el cariño y el afecto de millones de seguidores.
Nacido en Buenos Aires un 19 de agosto de 1945 falleció en Guaymallén, Mendoza, el 4 de enero de 2010 y es considerado uno de los padres del rock argentino, por ser uno de los primeros artistas en cantarlo en español en América Latina.
Publicó cincuenta y dos álbumes originales y vendió al menos ocho millones de copias. Algunos de sus mayores éxitos son: Dame el fuego de tu amo, Rosa Rosa, Quiero llenarme de ti, Penumbras, Porque yo te amo, Así, Mi amigo el Puma, Tengo, Trigal y Una muchacha y una guitarra.
Su obra más famosa, Rosa Rosa, vendió dos millones de discos. Asimismo, su tema «Tengo» fue considerado por la revista Rolling Stone y la cadena televisiva MTV como el n.º 15 entre los 100 mejores temas del rock argentino.
Durante su carrera también apareció como actor en doce películas, y además fue el primer latinoamericano en cantar en el salón Felt Forum del Madison Square Garden, en 1970 y en el 2005 recibió el Grammy Latino al conjunto de su trayectoria profesional.
Adoptó el seudónimo de Sandro dado que al momento de anotarlo sus padres quisieron ponerle ese nombre, pero no se lo permitieron los funcionarios del Registro Civil, y así fue llamado en el seno familiar.
A los trece años abandonó sus estudios secundarios y comenzó a trabajar ayudando a su padre en el reparto de vino en damajuanas, de repartidor de una carnicería, trabajador a destajo de una farmacia y tornero. Compró a crédito su primera guitarra y en sus tiempos libres, se dedicó a aprender a tocarla y a perfeccionar sus pasos de baile en el escenario.
En 1998 se supo que Sandro padecía una grave enfermedad ocasionada por décadas de adicción al tabaco: enfisema pulmonar crónico, la que lo llevó a alejarse de los escenarios. Pero la dedicación del ídolo para con su público hizo que en el año 2001 presentara uno de sus mejores espectáculos: El hombre de la rosa, que fue posible gracias a que junto al micrófono llevaba conectada una asistencia de oxígeno. De esta manera pudo realizar en 2004 otra gira nacional, La profecía. Luego, su enfermedad fue avanzando hasta el punto que la falta de oxígeno le dificultaba su vida diaria, siéndole diagnosticado como única solución un trasplante de pulmón por lo que fue puesto en lista de espera.
Sandro no pudo superar el progreso de su sepsis generalizada. Falleció en el Hospital Italiano de Mendoza por un shock séptico, que se complicó por una necrosis intestino mesentérica, y una coágulopatia Había afrontado cinco intervenciones luego del trasplante cardiopulmonar (dos de ellas efectuadas el mismo día de su muerte) y había luchado por su vida durante 45 días. Los diarios estadounidenses The New York Times y The Washington Post publicaron en tapa de sus ediciones electrónicas del 5 de enero de 2010 la noticia titulando textualmente: Muere a los 64 años el cantante Sandro, el Elvis argentino. De manera similar lo hizo la BBC.
Sus gustos
Sandro mantuvo una vida privada extremadamente blindada, pero se sabe que coleccionaba autos antiguos, usaba joyería de oro fundida con medallas regaladas por sus fanáticas, exigía absoluto hermetismo en su mansión de Banfield y cultivaba una estética de seducción pélvica única.
Mandó a fabricar su famosa pulsera, anillo, encendedor y cigarrera de oro fundiendo pequeñas medallas y dijes que le regalaban sus fanáticas. El búnker de Banfield: Su histórica casona era un verdadero fortín con altas paredes donde vivía recluido, manejando sus tiempos y distanciándose de la exposición pública tradicional.
Tenía debilidad por los automóviles de categoría y los modelos clásicos, un gusto que disfrutaba en la intimidad de sus traslados. Batas y seducción escénica: Convertir la bata de baño en un elemento icónico de sus shows reflejaba una excentricidad calculada entre la alcoba y el escenario masivo.
El cortejo a través del arte: Acostumbraba a regalar canciones o cuadros a las mujeres que lo deslumbraban como forma de admiración.
