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Dios, Patria y Familia

¿CÓMO SOBREVIVIR A UN ACCIDENTE FATAL?

Los eventos trágicos fortuitos ocurren en un mundo imperfecto y nadie está inmune. Por eso, mientras vivimos, debemos atesorar el gozo de la salvación pues no tenemos control sobre las desgracias.

Las Tablas de la Ley que el todopoderoso entregó a Moisés, diferenciaba el asesinato intencional de la muerte por accidente y si analizáramos lo acontecido recientemente en Pedrozo cuando un camión sin frenos mató a 5 personas, es preciso conocer el pensamiento divino sobre el tema.

“Sin embargo, no castigarás con la muerte en los siguientes casos: Al que tire a otro al suelo y sin querer lo mate. Al que por accidente mate a otro al lanzarle un objeto. Al que por accidente golpee a otro con una piedra y lo mate. Sobre todo, si no había enemistad entre ellos ni había razón para hacerle daño”. (Números 22:32,35)

Nuestra vida eterna con gloria en el cielo, Jesús ya lo dejó en nuestras manos. Hizo su parte y pagó nuestras culpas derramando su sangre en la cruz. Ahí se cumplieron tres propósitos: 1- Saldar la deuda con Dios por nuestras maldades, 2- Liberarnos del pecado y 3- Libre albedrío para aceptar o no la salvación que se obtiene por arrepentimiento del pecador y por fe declarada de corazón.

No todos somos hijos de Dios, salvos. Esa es potestad que únicamente el Señor da a los que creen en Jesús como único y suficiente Salvador. Ciertamente una es la Ley de Dios y otra la ley de los hombres. No soy abogado y no sé qué dicen los códigos legales paraguayos en la materia pero es fundamental entender el pensamiento del Señor.

Cuando Jesús enseñó sobre un accidente, expuso que los que mueren no son por haber pecado. Expresó muy claramente que todos -buenos y malos estamos sujetos a accidentes:

“Acuérdense de los dieciocho que murieron cuando se les vino encima la torre que se derrumbó en Siloé. ¿Creen ustedes que eso les pasó porque eran más malos que todos los habitantes de Jerusalén?” (Lucas 13:4)

Respondió Él mismo la pregunta y dijo “¡De ninguna manera! Y si ustedes no cambian su manera de vivir ni obedecen a Dios, también morirán”.

Aquí se refería a la muerte sin Dios, en plena incredulidad. Para los creyentes que morían Jesús usó la expresión “duermen” y ese término tuvo su significado revelado cuando visitó el cadáver de Lázaro que ya llevaba 4 días. Su hermana Marta le dijo “hiede”, apesta porque empezó el proceso de putrefacción del cuerpo.

Otro le insistió que no dormía sino que estaba literal, totalmente y absolutamente muerto. Sin embargo:

“Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?”. (Juan 11:25,26)

Entonces se acercó al lugar, ordenó que quitaran la piedra que cubría el espacio donde estaba el cuerpo inerte y le ordenó; “Lázaro sal afuera!”. Ni corto ni perezoso Lázaro se levantó con pies y manos atados, lleno de vendas y el rostro cubierto con un sudario y obedeció la orden. Jesús ordenó también que lo desataran de inmediato y uno supone que hubo jolgorio, algarabía y fiesta.

 

La lección es que todos nosotros somos como Lázaro. Jesús ya pagó nuestra redención. Si lo aceptamos en nuestros corazones, solo a Él y nada más que a Él, podrá venir en bajada un camión sin control y lo que nos pase podrá matar el cuerpo, pero tendremos la certeza de que alma y espíritu -que sobreviven- estarán con Jesús por la eternidad en un contexto celestial de paz, alegría y gozo.

Y un día nuestros cuerpos resucitarán en modo glorificado para unirse a nuestras almas y espíritus y seguir disfrutando de unas vacaciones eternas allá en el paraíso junto a la gloria de Dios.

Los accidentes fatales no eliminan la vida de los conversos.

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.