LUQUE. Jorge Lezcano tiene 76 años, las manos curtidas por el oficio y la mirada fija en un horizonte incierto. Se rasca la barbilla, dibuja una mueca de amargura y suelta una frase que suena a sentencia de muerte para la artesanía local: “A lo mejor cierro mi fábrica de calzados”.
En el silencio sepulcral de su sala de exposiciones, rodeado de piezas que son auténticas obras de arte, la confesión golpea con la fuerza de un yunque.
Contra los precios de los frágiles productos chinos, la competencia es una batalla perdida de antemano. “Nuestros costos son reales; los de ellos, imposibles”, lamenta.
Lezcano es el alma detrás de “Old George”, una marca icónica refugiada en el barrio Palma Loma de Luque. Allí, el calzado paraguayo alcanza otro nivel de distinción. Sus diseños para mujeres, esculpidos con una sofisticación que evoca las grandes capitales de la moda, son el testimonio vivo de una vida consagrada al cuero.
El hilo de la nostalgia
La historia de Jorge es la de miles de paraguayos que buscaron el futuro lejos de casa. Nacido en Coronel Oviedo, migró a Buenos Aires en 1966. En los talleres porteños domesticó el cuero, aprendió los secretos del corte perfecto y la resistencia de una buena costura.

En 1994, con el oficio inyectado en las venas, decidió volver a su tierra para retomar el hilo de la zapatería. Hoy, ese hilo amenaza con romperse.
El problema no es la falta de talento, sino la asimetría del mercado. “Si fuese por mí, me gustaría que los industriales exijamos a nuestro gremio, la Unión Industrial Paraguaya (UIP), una postura firme contra el ingreso de los productos chinos”, dispara Lezcano, sin filtros ni diplomacias. Su reclamo es pragmático: “Ellos nada compran de Paraguay”.
Comercio sin rostro ni ley
Para el maestro zapatero, la solución exige coraje político: fijar reglas claras con China Continental o, directamente, prohibir la importación de sus manufacturas. “Ni siquiera hay una relación diplomática como para que se cuiden las formas. ¿Por qué debemos aceptar que ellos manejen nuestro mercado interno? Por causa de los chinos estamos generando desempleos en nuestro sector”, advierte con lucidez.

“Sí, sin relaciones diplomáticas con el país comunista nos hacen esto, ¿cómo será si se da la relación? Este país se da el gusto de llenarnos con sus calzados, que no son de cuero como los nuestros, a mitad del precio del zapato paraguayo”.
La lenta agonía de lo invisible
Existe una ceguera social ante la caída de la manufactura nacional. Cuando cierra una gran corporación, el impacto es noticia; cuando baja la persiana un taller de ropa o una zapatería artesanal devorada por la presión asiática, impera el olvido.
China produce a escala infinita y vende a precios de derribo, aunque la calidad sea efímera. Cada taller de ropas o calzados son de al menos cinco familias que viven del salario.
Apoyar a “Old George” hoy no es un acto de caridad comercial; es un ejercicio de resistencia cultural. Es valorar el calzado paraguayo de alta costura y respaldar el esfuerzo de un compatriota batallador que, plantado frente al gigante asiático, todavía se niega a rendirse.
Datos de resistencia
- Ubicación: Barrio Palma Loma, Luque (Calle Padre Arrúa casi Matías Delgado).
- Contacto: 0981 632 820.