{"id":1212,"date":"2026-10-08T01:03:05","date_gmt":"2026-10-08T04:03:05","guid":{"rendered":"https:\/\/24-7.com.py\/?p=1212"},"modified":"2026-10-07T13:52:18","modified_gmt":"2026-10-07T16:52:18","slug":"los-veinticinco-naufragos-de-aquella-nochebuena-en-el-cielo-de-manhattan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/24-7.com.py\/index.php\/2026\/10\/08\/los-veinticinco-naufragos-de-aquella-nochebuena-en-el-cielo-de-manhattan\/","title":{"rendered":"LOS VEINTICINCO N\u00c1UFRAGOS DE AQUELLA NOCHEBUENA EN EL CIELO DE MANHATTAN"},"content":{"rendered":"<p><em>\u00c9ramos penas 25 los ocupantes de aquel enorme avi\u00f3n brasile\u00f1o, 25 que durmieron cuando lleg\u00f3 el momento de los abrazos por las celebraciones de Navidad. <\/em><\/p>\n<p>El fr\u00edo en Nueva York no es solo meteorol\u00f3gico; es una aguja de escarcha que te pincha la memoria y te recuerda que est\u00e1s donde no te corresponde, buscando los d\u00f3lares que tu propia tierra te neg\u00f3.<\/p>\n<p>El 22 de diciembre del a\u00f1o 2000, con la nostalgia apret\u00e1ndome el pecho, entend\u00ed que pasar la Navidad bajo ese cielo gris de asfalto congelado me romper\u00eda el alma.<\/p>\n<p>Fui a las oficinas de la m\u00edtica, y hoy extinta, aerol\u00ednea Varig con la urgencia del que huye de un fantasma. Quer\u00eda adelantar mi pasaje para el 23, pero el empleado me mir\u00f3 con la compasi\u00f3n que se le tiene a un loco. \u201cImposible\u201d, me dijo.<\/p>\n<p>-\u00bfY para el 24? &#8211; insist\u00ed.<\/p>\n<p>Para mi sorpresa, el milagro navide\u00f1o se obr\u00f3 en forma de asiento disponible. Frente a m\u00ed se abr\u00eda un viaje de dieciocho horas rumbo al sur, una traves\u00eda suspendida en el tiempo para llegar a Paraguay.<\/p>\n<p>La ma\u00f1ana del 24, Manhattan era un hervidero de jolgorio consumista, un contraste brutal con la soledad que carga a cuestas un inmigrante ilegal. Contagiado por una repentina chispa de optimismo, decid\u00ed que la Nochebuena no me iba a encontrar triste.<\/p>\n<p>Entr\u00e9 a una bodega y compr\u00e9 una botella de champ\u00e1n y dos copas; en otra tienda consigui\u00f3 cornetas de cumplea\u00f1os y sombreritos de colores.<\/p>\n<p>Mi plan era de un romanticismo absoluto: meter el arsenal festivo en el equipaje de mano y, a la medianoche, descorchar la botella para brindar con el alma caritativa que me tocara en suerte al lado, fuera quien fuera. Un pacto de n\u00e1ufragos a miles de metros de altura.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1213 size-full aligncenter\" src=\"https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/pgr1-2.webp\" alt=\"\" width=\"597\" height=\"223\" srcset=\"https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/pgr1-2.webp 597w, https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/pgr1-2-300x112.webp 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 597px) 100vw, 597px\" \/><\/p>\n<p><em>La Navidad niuyorquina es bella pero el inmigrante paraguayo reci\u00e9n llegado no soporta esa luminosa y colorida y helada soledad de su nochebuena. <\/em><\/p>\n<p>A las siete de la tarde, con el term\u00f3metro tiritando bajo cero, el avi\u00f3n de Varig decol\u00f3 rugiendo hacia las nubes. Fue entonces cuando el destino baraj\u00f3 de nuevo las cartas: en aquella enorme carlinga viaj\u00e1bamos apenas veinticinco almas.<\/p>\n<p>\u00c9ramos tan pocos que no hab\u00eda pr\u00f3jimo al lado de nadie; cada quien se adue\u00f1\u00f3 de una fila entera de asientos y casi toc\u00e1bamos a una azafata por pasajero. Mi plan de camarader\u00eda corr\u00eda serio peligro en ese desierto alfombrado.<\/p>\n<p>Sin embargo, a la hora de la cena, el aire de formalidad aeron\u00e1utica se disolvi\u00f3. Por los parlantes anunciaron el banquete y las azafatas brasile\u00f1as empezaron a desfilar con bandejas dignas de un fest\u00edn romano: pavo, codornices, faisanes y cuanto manjar quisi\u00e9ramos pedir. Bueno, era Nochebuena, pens\u00e9.<\/p>\n<p>Para beber, la aerol\u00ednea despleg\u00f3 sus mejores lujos, incluyendo un champ\u00e1n franc\u00e9s que dej\u00f3 a mi botellita de bodega en la m\u00e1s absoluta verg\u00fcenza. Comimos como presidentes de seccional en v\u00edsperas de elecciones y bebimos con la sed infinita de un beduino en el Sahara.<\/p>\n<p>Para las diez de la noche, el alcohol y la complicidad de la distancia obraron el milagro: los veinticinco desconocidos est\u00e1bamos abrazados como hermanos de toda la vida, compartiendo risas y penas de desterrados.<\/p>\n<p>\u00a1Azafata, marche otro champ\u00e1n!, grit\u00e1bamos al un\u00edsono, amparados en la generosidad de una Varig que esa noche parec\u00eda no tener fondo.<\/p>\n<p>Todav\u00eda guardaba la ilusi\u00f3n de sacar mis cornetas y mi botella cuando el reloj diera las doce; al fin y al cabo, el ambiente ya estaba perfectamente sazonado por la embriaguez general.<\/p>\n<p>Buscando una tregua antes del gran brindis, reclin\u00e9 mi asiento hasta el tope, ventajas de no tener a nadie atr\u00e1s, y me dispuse a esperar la medianoche. Las luces de la cabina se atenuaron, el murmullo de los pasajeros se apag\u00f3 y las azafatas se retiraron a sus cuarteles, hacia el fondo del avi\u00f3n.<\/p>\n<p>Solo qued\u00f3 el arrullo mon\u00f3tono y magn\u00e9tico de los motores a once mil metros de altura, ese zumbido que invita a los p\u00e1rpados a desplomarse con el peso del cansancio acumulado tras meses de a\u00f1oranza y trabajo duro.<\/p>\n<p>Cerr\u00e9 los ojos un instante, meci\u00e9ndome en esa Nochebuena flotante que avanzaba hacia S\u00e3o Paulo.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-medium wp-image-1214\" src=\"https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/sao-1-300x289.webp\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"289\" srcset=\"https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/sao-1-300x289.webp 300w, https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/sao-1.webp 564w\" sizes=\"auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p><em>Solo 25 n\u00e1ufragos en el vuelo de Nochebuena desde New York a Sao Paulo. Vino, faisanes, champan y chocolate y dormir hasta la capital industrial brasile\u00f1a. <\/em><\/p>\n<p>De pronto, un resplandor violento me encandil\u00f3. Las luces de la cabina se encendieron de golpe y la voz melodiosa de la azafata quebr\u00f3 el silencio para anunciar el servicio de desayuno.<\/p>\n<p>Mir\u00e9 el reloj con incredulidad: eran las cinco de la ma\u00f1ana del 25 de diciembre. El rollete, vencido por el banquete y el alcohol, se hab\u00eda quedado profundamente dormido como un tierno beb\u00e9.<\/p>\n<p>Pasamos la medianoche de largo, suspendidos en un limbo sin tiempo ni brindis.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente, ya en la calidez de Asunci\u00f3n, y \u00a1vaya calidez de 40 grados!, mientras el vecindario entero dorm\u00eda la siesta bajo el sol paraguayo, me sent\u00e9 solo en el patio.<\/p>\n<p>Escuch\u00e9 el ansiado estallido del corcho de mi champ\u00e1n neoyorquino y, en el silencio de mi tierra reencontrada, brind\u00e9 por el viaje, por la libertad y por la hermosa experiencia de haber celebrado la Navidad durmiendo en las nubes.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00c9ramos penas 25 los ocupantes de aquel enorme avi\u00f3n brasile\u00f1o, 25 que durmieron cuando lleg\u00f3 el momento de los abrazos por las celebraciones de Navidad. 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