{"id":1152,"date":"2026-10-06T04:01:19","date_gmt":"2026-10-06T07:01:19","guid":{"rendered":"https:\/\/24-7.com.py\/?p=1152"},"modified":"2026-10-05T18:38:05","modified_gmt":"2026-10-05T21:38:05","slug":"entre-la-polca-el-azar-y-el-polvo-de-las-cuadreras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/24-7.com.py\/index.php\/2026\/10\/06\/entre-la-polca-el-azar-y-el-polvo-de-las-cuadreras\/","title":{"rendered":"ENTRE LA POLCA, EL AZAR Y EL POLVO DE LAS CUADRERAS"},"content":{"rendered":"<p><em>La carrera cuadrera en los pueblos paraguayos, parte del alma de la raza. <\/em><\/p>\n<p>El galope en Am\u00e9rica del Sur es un eco antiguo. Retumba desde aquellos d\u00edas en que don Pedro de Mendoza desembarc\u00f3 los primeros sementales en el R\u00edo de la Plata, un legado gen\u00e9tico que poco despu\u00e9s Alvar N\u00fa\u00f1ez Cabeza de Vaca consolidar\u00eda al adentrarse en los desterrados e ind\u00f3mitos paisajes del Paraguay.<\/p>\n<p>Desde entonces, el caballo dej\u00f3 de ser una simple herramienta de carga para convertirse en la mitad exacta de la identidad del hombre de campo. En la tierra guaran\u00ed, esa fusi\u00f3n engendr\u00f3 un ritual que sobrevive intacto al paso de los siglos y que florece con vigor cada fin de semana: las carreras de caballos.<\/p>\n<p>Para comprender el Paraguay profundo es imperativo entender la \u201ccancha\u201d. No es un estadio ni un hip\u00f3dromo con \u00ednfulas aristocr\u00e1ticas; es un callej\u00f3n de tierra batida donde los s\u00e1bados, domingos e incluso algunos d\u00edas entre semana, los varones se congregan en un cabildo r\u00fastico dominado por el olor a pasto, el aroma del asado y la adrenalina del azar.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed el asfalto cede su lugar al polvo, y las jerarqu\u00edas urbanas se disuelven ante la velocidad de un flete.<\/p>\n<p>Mientras el pomposo mundo del <em>turf<\/em> internacional organiza concursos h\u00edpicos para probar la ligereza de ejemplares de raza especial, educados con rigor cient\u00edfico, el campo paraguayo prefiere la inmediatez de la cuadrera.<\/p>\n<p>El t\u00e9rmino, acu\u00f1ado en la vecindad rioplatense, proviene de la antigua medida de la cuadra, la cuadrag\u00e9sima parte de una legua, equivalente a ciento cincuenta varas.<\/p>\n<p>Las cuadreras se resuelven a pura fibra en distancias cortas, por lo general a menos de trescientas varas. Son l\u00edneas rectas donde no hay tiempo para la estrategia, solo para la explosi\u00f3n del animal en una tirada que va mucho m\u00e1s r\u00e1pido que el galope convencional.<\/p>\n<p>En este universo convive la solemnidad con el desenfado de la \u201ccarrera pe\u201d o \u201ccarrera karap\u00e9\u201d. Nacidas tradicionalmente al concluir los programas religiosos de los pueblos, estas corridas carecen del protocolo de los hip\u00f3dromos.<\/p>\n<p>En la <em>carrera pe<\/em> compiten los propios due\u00f1os de los animales, caballos criollos sin preparaci\u00f3n profesional ni dietas estrictas, pero con un orgullo indomable. Es tal su arraigo que el m\u00fasico Papi Orrego le compuso una polca hom\u00f3nima, cuyo ritmo parece imitar el golpeteo fren\u00e9tico de los cascos sobre la tierra.<\/p>\n<p>Ya en diciembre de 1967, el cronista Arturo Nagy recordaba en la revista <em>ABC Color<\/em> la sorpresa del viajero Michael Mulhall al toparse con este fen\u00f3meno. Mulhall, ajeno a las costumbres locales, no lograba comprender c\u00f3mo solo dos caballos corr\u00edan a la vez, r\u00edgidamente separados por una estaca a lo largo de una pista de poco m\u00e1s de doscientos metros.<\/p>\n<p>Al cronista extranjero le llamaba la atenci\u00f3n que los caballos no parecieran \u201cgran cosa\u201d, pero le fascinaba a\u00fan m\u00e1s la pasi\u00f3n de los espectadores del campo, quienes cruzaban apuestas ruidosas y apasionadas por su favorito.<\/p>\n<p>Y es que la cuadrera paraguaya arrastra su cuota de sangre y peligro. El ambiente es recio, heredero de una \u00e9poca donde la hombr\u00eda se med\u00eda a caballo.<\/p>\n<p>Lejos quedaron castigos militares extintos como la carrera de baquetas, donde el reo corr\u00eda con la espalda desnuda entre dos filas de soldados que lo azotaban; hoy el \u00fanico veredicto lo da la l\u00ednea de sentencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, el peligro de la discordia siempre sobrevuela las canchas. Como bien narraba Ricardo G\u00fciraldes en <em>Don Segundo Sombra<\/em>, el barullo es parte del paisaje: \u201cLlegu\u00e9 a escaparme de noche e ir un domingo a las carreras donde hubo barullo y sonaron algunos tiros sin mayor consecuencia\u201d. En la cancha paraguaya, un fallo dudoso del juez o una apuesta mal cobrada pueden encender los \u00e1nimos en un santiam\u00e9n, record\u00e1ndonos que el caballo despierta pasiones que rozan el absoluto.<\/p>\n<p>Se necesita un pulso de hierro y una honestidad a toda prueba para arbitrar estos encuentros. Curiosamente, esa necesidad de neutralidad en contextos salvajes no es exclusiva de nuestras latitudes.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"wp-image-1154 size-full aligncenter\" src=\"https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/david-hector2-1.webp\" alt=\"\" width=\"688\" height=\"445\" srcset=\"https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/david-hector2-1.webp 688w, https:\/\/24-7.com.py\/wp-content\/uploads\/2026\/10\/david-hector2-1-300x194.webp 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 688px) 100vw, 688px\" \/><\/p>\n<p><em>En Argentina tambi\u00e9n el mano a mano, con buena apuesta de por medio, agita las almas masculinas.<\/em><\/p>\n<p>En los Estados Unidos del siglo XIX, un joven y espigado Abraham Lincoln, cuya popularidad y aptitudes no ten\u00edan l\u00edmites, se convirti\u00f3 en el mejor juez de carreras de caballos en New Salem.<\/p>\n<p>Tuvo que lidiar y poner orden a \u201cuna salvaje, belicosa y alborotadora pandilla de bribones llamados <em>Los Muchachos del Bosquecillo de Clary<\/em>\u201d, seg\u00fan relata Dale Carnegie.<\/p>\n<p>Si Lincoln hubiese nacido en el departamento de Paraguar\u00ed o en San Pedro, sin duda habr\u00eda sido el \u201ccomisario de carrera\u201d ideal, respetado por su palabra y su implacable ojo para decretar al ganador por el hocico de ventaja.<\/p>\n<p>Al caer la tarde, cuando las apuestas se liquidan y los \u00e1nimos se calman con una ca\u00f1a o un terer\u00e9, la cancha queda vac\u00eda, dominada por el silencio. Queda en el aire el esp\u00edritu de aquel \u201cpotro salvaje\u201d del cuento de Horacio Quiroga, ese animal que solo gustaba correr por el placer puro de la libertad y el viento en la cara.<\/p>\n<p>La carrera de caballos en el Paraguay es, al fin y al cabo, eso: un teatro de la condici\u00f3n humana, un juego criollo de sortija donde se busca atrapar la fortuna al galope, y una herencia incombustible que se resiste a desaparecer mientras haya dos jinetes, una estaca y doscientos metros de tierra por delante.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La carrera cuadrera en los pueblos paraguayos, parte del alma de la raza. El galope en Am\u00e9rica del Sur es un eco antiguo. 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