A casi 72 horas de desatada la crisis política en el seno del Partido Colorado, el escenario externo y próximo a la Asociación Nacional Republicana (ANR) comienza a mostrar reacomodos tan previsibles como contundentes.
La fractura provocada por la decisión personal del presidente de la nucleación, Horacio Cartes, de desconocer el acta firmada y sellada en la convención nacional de líderes, que instituía formalmente a Pedro Alliana como el candidato oficial del coloradismo para la presidencia de la República, ha generado un inmediato efecto de migración de fuerzas vivas hacia la lista oficialista.
Este movimiento de repliegue y lealtad en torno a la figura de Alliana no solo ratifica la vigencia de los compromisos colectivos previamente pactados por la dirigencia de todo el país, sino que actúa como un factor de blindaje y fortalecimiento para el gobierno del presidente Santiago Peña.
Peña, lejos de sumarse a la estridencia del quiebre institucional provocado por la conducción partidaria, ha manifestado un respaldo decidido y firme a su vicepresidente, consolidando un eje político que hoy se erige como el garante de la estabilidad en el Palacio de López.
La actual coyuntura tensiona la disciplina interna de la ANR debido a una flagrante violación de los consensos firmados por el propio presidente de la junta de gobierno.
Sin embargo, la resolución de este conflicto y el retorno a la previsibilidad republicana dependerán, en gran medida, de la misma templanza y el discernimiento que Santiago Peña y Pedro Alliana han venido aplicando en la conducción del Estado.
El discernimiento con el que Peña gobierna hasta el día de hoy se convierte en su principal activo para capear este temporal intrapartidario, separando la gestión pública de los personalismos partidarios.
Es de abrigar que el pronto retorno de la calma colorada se imponga por el propio peso de la racionalidad política y el respeto a las bases.
No obstante, si para preservar la gobernabilidad del país y la seriedad de los procesos electorales internos es necesario adoptar medidas fuertes y correctivas, la ciudadanía y el coloradismo institucionalista esperan que así sea. El país no puede quedar supeditado a los virajes unilaterales; la madurez de sus gobernantes actuales es la que debe marcar el rumbo hacia la estabilidad.