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Dios, Patria y Familia

LA LUCHA NO ES CONTRA “GENTE MALA” SINO CONTRA EL DIABLO

La Biblia nos explica con mucha claridad que nuestros conflictos no son contra el patrón, la suegra, los chismosos, los ladrones y criminales. El daño viene por la incidencia diabólica en los que hacen el mal. La guerra es en el plano espiritual.

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes”. (Efesios 6:12)

El ejército de la maldad está organizado en un esquema de poder. Nuestros problemas realmente provienen de fuerzas espirituales ocultas. Aunque parezca increíble en nuestro país operan bandas delictivas satánicas que exigen “bautismos de sangre” a sus reclutas. Deben matar para ser aceptados y así adquieren mayor poder de la oscuridad.

El diablo actúa entre nosotros engañando a nuestros sentidos y nuestra percepción de las cosas. Pero cuando conocemos las Escrituras entendemos mejor lo que le agrada y desagrada a Dios y adquirimos discernimiento para avanzar en nuestra vida de conversos con la guía del Espíritu Santo.

Ciertamente para los que viven por vista y no por fe, el enojo es con las personas que hacen daño, pero la enseñanza cristiana nos exhorta a ver más allá en los conflictos cotidianos. Para el creyente, no se trata de fuerzas invencibles, sino que Dios protege a sus hijos de las acechanzas del demonio.

meteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros”(Santiago 4:7).

“Someteos pues a Dios”. Implica vivir en obediencia a las Escrituras, abandonar la soberbia y poner nuestra existencia bajo la autoridad de Dios. En esas condiciones recibimos fuerza espiritual para resistir al enemigo en el sentido de rechazar los malos pensamientos y no ceder ante las tentaciones del pecado.

Las prácticas paganas llevan a multitudes a usar amuletos como aros, collares, pulseras “de la buena suerte” que “traen vibra positiva”, “alejan los malos espíritus”, prácticas supersticiosas que pueden ser instrumentos de brujería que justamente traen “malas vibras”. La protección es de Dios y la fe un instrumento de batalla espiritual.

La Biblia nos habla de una armadura espiritual que nos protege, pero es tema de un próximo comentario. El creyente, al aceptar a Jesús como único y suficiente Salvador, recibe un sello invisible en el plano terrenal pero percibido en el mundo espiritual que nos marca como ovejas de los prados del Señor.

“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. (Efesios 1:13)

Ese sello del Espíritu en el creyente asegura que su salvación es auténtica y está protegida para el futuro. Es garantía de que Dios cumplirá su promesa de salvación, de redención completa. Y esto no se trata de ir simplemente todos los domingos a la iglesia y ser un calientasillas dominical. Consiste en escuchar el mensaje del Evangelio y aplicarlo en señal de que se está en un proceso de santidad.

“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos”. (Santiago 1:22)

El mero oidor tiene un conocimiento teórico del Evangelio, pero se queda en eso y no cambia su conducta. Sigue viviendo como un incrédulo. El hacedor, es obediente, medita sobre el Evangelio y lo lleva a la práctica con buenas obras y una vida transformada.

Vivimos tiempos postreros, no queda mucho para el final de la gracia, del perdón de Dios tal como hoy lo recibimos.  No esperes más para buscar el reino de Dios y su justicia.

 

 

 

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.