La actitud que cada uno asumimos ante la cruz de Cristo determina si vamos al cielo o al infierno. Escrito está: «Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente ¿Crees esto?» (Juan 11:25-2).
El propio Salvador nos dice que nuestra fe, nuestra confianza puesta en Él nos garantiza la vida eterna gloriosa. Solo en Él hay salvación, no nos corresponde discutir esa verdad sino aceptarla porque eso significa tener fe, creer lo que el Hijo de Dios nos afirma por medio de varios pasajes de la Biblia.
«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe». (Efesios 2:8-9)
«Por gracia», significa favor, regalo, privilegio que no merecemos. La salvación es un beneficio que el Señor nos da por su bondad y misericordia si nosotros tenemos fe en que su Hijo, fue concebido en una virgen, nació, creció, se bautizó en el Jordán, fue tentado en el desierto y murió en la cruz para pagar nuestras culpas.
«No por obras» implica que nada podemos hacer nosotros para alcanzar salvación por nuestros méritos, valía, alguna buena acción. La salvación es por Cristo y nada podemos hacer para conquistar el cielo nosotros mismos.
«Para que nadie se gloríe», está muy claro que muchas veces queremos enorgullecernos de nuestras obras pero la jactancia no cabe para decir «yo hice esto, yo hice lo otro» y sentirnos superiores ante el Señor. Somos pecadores considerados justos ante Dios por medio de la sangre de Jesús derramada en la cruz.
En el Pasaje de «El Rico y Lázaro» que Jesús narra, expone que el segundo muere y va al paraíso. Cuando el primero muere, va al infierno. Cada uno por su fe o su indiferencia hacia Dios. No hay instancias intermedias porque si existieran Jesús las hubiera mencionado, pero fue muy claro al definir únicamente dos destinos. Refiriéndose al rico en el infierno, dice:
«Y en el Hades (infierno) alzó sus ojos estando en tormentos y vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno. Entonces él, dando voces, dijo: Padre Abraham, ten misericordia de mí, y envía a Lázaro para que moje la punta de su dedo en agua, y refresque mi lengua; porque estoy atormentado en esta llama. Pero Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste tus bienes en tu vida, y Lázaro también males; pero ahora este es consolado aquí, y tú atormentado. Además de todo esto, una gran sima está puesta entre nosotros y vosotros, de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros, no pueden, ni de allá pasar acá. Entonces le dijo: Te ruego, pues, padre, que le envíes a la casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos para que les testifique a fin de que no vengan ellos también a este lugar de tormento. Y Abraham le dijo: A Moisés y a los profetas tienen; óiganlos. Él entonces dijo: No, padre Abraham; pero si alguno fuere a ellos de entre los muertos, se arrepentirán. Mas Abraham le dijo: Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán, aunque alguno se levantare de los muertos. (Lucas 16:19-31).
Este pasaje explica que nadie puede pasar del cielo al infierno o viceversa. Cuando el rico pide que vayan y avisen a sus familiares que el infierno es real, la respuesta es: «A Moisés y los profetas tienen, óiganlos». Así, hasta entonces, se llamaba la Biblia. Esto quiere decir que en la Biblia está todo aclarado y nada para dudar.
Es más, la respuesta cuando plantea que alguien «de entro los muertos» vaya a dar aviso, es que nadie puede salir del cielo ni del infierno para llevar recados especiales ni simples. Es decir, no hay limbos, lugares donde interín trámites diversos los muertos estén para pasar al cielo. Lázaro no fue al paraíso (cielo) por ser mendigo sino por su fe y confianza en Dios ante el sufrimiento y la pobreza con que vivió.
El rico no fue al infierno por ser rico sino por su indiferencia ante el sufrimiento de Lázaro al que solo dejaba comer las migajas de su almuerzo. Es decir, por su soberbia, falta de fe y de amor al prójimo, segundo gran mandamiento de Dios.
Si aún no decidiste dónde pasar la eternidad. Este es el momento de hacerlo