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Dios, Patria y Familia

¿TRISTE, ABATIDO? DIOS ES PRONTO AUXILIO Y NO COBRA LA CONSULTA

Mucha gente vive con corazón quebrantado por duelos, separaciones, abandonos, fracasos diversos. Algunos de inmediato pagan terapeutas, pero escrito está: «Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones». (Salmo 46:1)

“Amparo y fortaleza”, es un protector todopoderoso y nos dice que su ayuda llega a tiempo, de manera oportuna cuando pasamos momentos difíciles y las crisis de la existencia nos azotan. “De los problemas no salimos” se escucha decir y realmente hay multitudes sufriendo tristezas profundas por diversas razones.

Habrá quien abra una botella y busque refugio en sus líquidos embriagantes, otros inhalarán humos peligrosos, pero ¿Has clamado al Señor para que se cumpla en ti esa promesa de que Él nos ampara, fortalece y auxilia prontamente en nuestras dificultades?

“Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces” (Jeremías 33:3)

Cuando uno tiene comunión con Dios, una relación permanente en oración, no nos abandona y está presente cuando sentimos dolor. Está pronto para sanar heridas emocionales, decepciones de diversa índole; promete rescatarnos y traer paz en medio de la aflicción.

“Clama a mí” nos exhorta el Todopoderoso y entonces debemos hacer nuestra parte: “Sáname Señor, sé mi pronto auxilio porque mi alma sufre”. El clamor es un pedido de urgencia, con denuedo, es dar una voz firme y fuerte pidiendo ayuda. Es mejor llorar ante Dios que ante el psiquiatra. No desmerito la labor de los profesionales, pero si el Señor es nuestro “pronto auxilio”, echemos primeramente mano de su amor. Escrito está:

“Tú llevas la cuenta de todas mis angustias y has juntado todas mis lágrimas en tu frasco; has registrado cada una de ellas en tu libro”. (Salmo 56:8)

Dios cuenta nuestras lágrimas. Es nuestro Padre celestial y nadie cuida de sus hijos mejor que Él, pero espera que acudamos a su presencia en oración. Porque es omnisciente, el único, nadie más que Él conoce todos nuestros enredos y siempre está dispuesto a calmar nuestros dolores. Todos nuestros dolores están escritos en los libros celestiales que algún día se abrirán.

“El Señor es refugio de los oprimidos; es su baluarte en momentos de angustia” (Salmo 9:9).

“Baluarte”, bastión inexpugnable. Dios nos rodea con su amor y en su presencia encontramos seguridad. La Escritura no es solamente un texto motivacional como los que escribe Paulo Coelho. No, el Señor es fiel y cumple su palabra.

“El Señor está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido (Salmo 34:18).

Dios cercano, al alcance de una plegaria o un clamor. Nadie como Él puede arrancar nuestras angustias y traernos paz. Jesús hizo una proclama esperanzadora para todos nosotros: “Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los haré descansar” (Mateo 11:28).

Necesitamos entregarle toda nuestra ansiedad porque el nos dice que va a cuidar de los que le invocamos de verdad. Cuando el Salvador caminó entre nosotros y sanó a muchos, Él dijo: “Hija, tu fe te ha sanado. Ve en paz. Se acabó tu sufrimiento” (Marcos 5:34).

La fe, nuestra fe en Jesús, nuestra confianza puesta en Él es un instrumento de restauración. El poder de Lo Alto se manifiesta en la medida de nuestra fe. La falta de fe obstaculiza el derramamiento del poder divino.

Dejemos de vivir lejos de Dios porque Él ofrece su bondad y su gracia. Sus bendiciones están disponibles 24 horas los 7 días de la semana y dijo por conducto del Profeta: «Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón». (Jeremías 29:13).

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.