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Dios, Patria y Familia

CRISIS DE CONTENIDOS Y DERRUMBE MORAL DE LA TV

De las competencias del saber y programas de análisis que convocaban a la familia ante la pantalla chica, se ha pasado al morbo, el escándalo que ventila vidas privadas y los bailes procaces. La TV se derrumba con programas que diluyen el pensamiento crítico ¿Responde este declive a un plan de idiotización de la sociedad?

Claramente el propósito es entretener sin exigir reflexión. Deliberadamente se busca diluir el pensamiento analítico. Las sociedades que pierden el discerniento son más fáciles de manipular y hay poderes foráneos que lo están logrando unificando formatos de programas en todo el mundo.

“¡Ay de los que a lo malo llaman bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!” (Isaías 5:20)

Hoy se prioriza el espectáculo grotesco por sobre la dignidad humana. Algunos llaman “telebasura” a la búsqueda de capturar audiencia con invasión de la privacidad, el reguetón, el chisme, en un fenomenal declive arrastrado por su contenido chabacano y de bajo nivel.

Hubo un tiempo en que se fomentaban las competencias del saber y la gente esperaba con ansias tales espacios porque le permitía ampliar su horizonte de conocimientos y por otro lado, se identificaba con el interés y la preparación de los participantes.

Eran tiempos edificantes con contenidos de gran valía. Programas que fomentaban la integración con la participación de estudiantes de distintas zonas del país. No solo se potenciaba intelectual y académicamente a los niños y jóvenes sino que ellos asistían a una experiencia dinámica, motivadora y competitiva con un propósito elevado.

Las respuestas sobre historia, ciencia, filosofía, actuaban como un motor de excelencia educativa para los colegios y una oportunidad de disfrutar del esfuerzo por ser mejores y al mismo tiempo adquirir conocimiento.

¿Qué ha sido de tan buenos programas constructivos? Impactaban profundamente en las diferentes áreas del desarrollo de niños y jóvenes que mejoraban su autoconfianza y sus ansias de superación. Aprendían que el esfuerzo intelectual tenía un valor de gran peso. Era mucho más que una competencia del saber porque los participantes aprendían a desenvolverse bajo presión, gestionar la frustración y trabajar en equipo

Hoy uno enciende la TV y se encuentra con una monumental pérdida de valores éticos. Es indiscutible la degradación de los contenidos donde el morbo, la invasión de la privacidad y el escándalo se utilizan como herramientas principales para capturar audiencia.

Muchos reality shows, recurren a los bailes escandalosos y a veces se basan en humillar a los participantes, exponer infidelidades y conflictos matrimoniales. El chisme sustituyó a la información y se compite por ventilar tragedias familiares o personales sin filtro. Pero sobre todo se promocionan los antivalores y se convoca a “influencers” agresivos que rinden culto a la fama rápida, incluso a cambio de perder la vergüenza.

Los espacios de información, debate u opinión priorizan con frecuencia la confrontación, el amarillismo. En tales debates no hay pluralidad de voces sino que se enfocan en plantear solo una perspectiva que favorece a los intereses de los medios que responden a propósitos de conglomerados económicos.

El arte y la decencia son poco rentables, sostienen en ese ambiente. Esto indica que “a contrario sensu”, la indecencia, la grosería, la procacidad resultan lucrativos y entonces se justifica la exclamación “¡A dónde hemos llegado!”.

Pocos medios y programas se salvan de la onda de chatura.

Creo firmemente que hay un propósito deliberado detrás del derrumbe. Hay una élite mundial detrás de todo. Se le ofrece al público el consumo excesivo de contenidos superficiales que eliminan el pensamiento crítico. Hay un plan de dominación que llaman “nuevo orden” y requiere de la idiotización de la audiencia para hacerla sumisa a directivas que quieren imponer.

Los jóvenes están creciendo en un mundo vacío que debilita la ilusión en días mejores, va eliminando la esperanza. Necesitamos reflexionar sobre lo que está ocurriendo en nuestra sociedad y protegernos de todas las ondas que no edifican, destruyen.

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.