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¿QUIÉN ES ELVIO BENÍTEZ?

EL BAUTISMO VIOLENTO DE UN VIOLADOR DE LA LEY

El 3 de febrero de 1989 cayó la dictadura de Alfredo Stroessner, pero la libertad recién nacida no trajo consigo la cordura para todos. Pocos meses después, en octubre de ese mismo año, el departamento de San Pedro se convirtió en el escenario donde un jovencito de apenas 23 años, llamado Elvio Benítez, comenzaría a forjar su verdadera identidad: la de un usurpador de la propiedad privada y un recurrente infractor de la ley.

En aquella ocasión, Benítez, secundado por Nemesio Cabrera y Venancio Zeballos, este último, asesinado meses más tarde, aparentemente por sus propios compañeros, lideró la invasión de la propiedad de don Francisco Clari Vega, en la localidad de Guayaybí.

Clari Vega era en ese momento un anciano, ya retirado del servicio de las Fuerzas Armadas. Lejos del poder, era un militar de bajo perfil que, en su ancianidad simplemente hacía trabajar en su chacra a su familia, mientras residía en Asunción bajo estricto cuidado médico.

Su «pecado», por llamarlo de algún modo, fue su uniforme de origen.

Tras la caída del régimen, la sociedad lógicamente despreciaba a los militares por los abusos de la dictadura. Sin embargo, don Francisco era apenas un tapado referente de las Fuerzas Armadas, ajeno a las cúpulas represivas.}

Benítez, con absoluta vileza, habría pensado que el simple hecho de que la tierra perteneciera a un militar le otorgaba una licencia automática y “patriótica” para ingresar a ella y pisotear la propiedad privada.

Como periodista del diario Abc Color, me tocó cubrir ese atropello desde el terreno. Visité la propiedad ocupada en tres oportunidades.

Lo que publiqué al día siguiente reflejó la verdad sin matices: un grupo de invasores violando el derecho de un anciano indefenso. Esa verdad molestó profundamente a Benítez, quien pretendía que la prensa maquillara su delito.

En mi última visita al predio, acompañado por colegas de otros medios, Benítez salió, amenazante, al paso de los trabajadores de prensa y preguntó a viva voz si el periodista Martínez Cuevas estaba entre ellos. No me tenía identificado físicamente.

Mis compañeros, para protegerme, negaron mi presencia. La respuesta del hoy encumbrado dirigente fue categórica y criminal: «Si ese periodista viene entre ustedes, lo vamos a matar». Fue mi primera amenaza de muerte en la transición democrática por el simple pecado de informar.

Para refrescarle la memoria a Benítez sobre quién escribe estas líneas, y para recordar a quién amenazó, rescato de los archivos las dos fotografías que yo mismo tomé y que se publicaron en Abc Color el jueves 26 de octubre de 1989. Las imágenes no mienten. Su historia comenzó con la violencia, y su frondoso prontuario judicial demuestra que nunca abandonó ese camino.

Quien escribe esta serie llegaba aquella mañana de octubre de 1989 a la propiedad de Francisco Clari Vega mientras accionaba el disparador de su cámara Pentax MX para registrar en películas b/n en 400 asa las escenas respectivas. Cientos de campesinos convocados por Benítez ocupaban la legítima propiedad de un anciano paraguayo.

Una vida al margen de la ley

La trayectoria de Elvio Benítez no es la de un luchador social, sino la de un hombre con cuentas pendientes crónicas ante la justicia. Su historial habla por sí solo y que aquí menciono parcialmente (nadie soporta el peso de un archivo):

1989: Amenaza de muerte al periodista Efraín Martínez Cuevas en la propiedad invadida de Francisco Clari Vega en Guayaybí.

 

1993: Orden de captura en Nueva Germania por el homicidio de José Domingo Gaona.

 

1997: Orden de captura emitida por un juez de Coronel Oviedo por el homicidio de Eustaquio Martínez.

 

2000: Prisión preventiva en San Pedro bajo los cargos de asalto, secuestro e intento de homicidio.

 

2004: Prisión preventiva por asociación criminal, invasión de inmuebles y disturbios públicos en General Resquín.

 

2009: Informe de la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD) a la DEA que lo vincula formalmente con el narcotráfico.

  1. Elvio Benítez, una vez más, detenido recientemente, no por política, sino por fechorías varias. Ahora anda con tobillera y bajo prisión domiciliaria.

El peligro de la complicidad y la falsa idolatría

Este es el hombre que recurrentemente amenaza a la ciudadanía con generar caos. Y hay que creerle, porque la violencia y el desorden son su especialidad demostrada.

Lo verdaderamente grave y alarmante es que sus andanzas y delincuencias sean tomadas como «venerables actos patrióticos» por ciertos comunicadores de medio pelo. Periodistas desinformados, o que fingen demencia, que ignoran deliberadamente un prontuario criminal indiscutible para otorgarle un micrófono y validarlo como un interlocutor válido.

Benítez, con unos treinta y pico de años de edad por aquel momento, arengando (bueno, engañando) a los campesinos, a costa de quienes se volvió millonario.

Algunos sectores caen en el error de pensar que con esta clase de personas se puede construir ciudadanía, fortalecer la democracia, generar riqueza o garantizar que la salud, la educación y la seguridad funcionen.

Quienes creen que el Paraguay puede salir adelante de la mano de personajes de esta calaña están profundamente equivocados. Elvio Benítez no es un líder; los hechos y la justicia demuestran que es un delincuente y un criminal.

Mañana: La corporación de la miseria: extorsión, engaño y el nacimiento de un nuevo rico”.

Efraín Martínez Cuevas
Escritor y periodista
Escritor y periodista. Autor de «Carlos Alfaro, el devoto de la literatura francesa» (El Foro, Asunción, 2025).