El cañón Cristiano.
El destino de las reliquias históricas suele estar ligado al orgullo de las naciones. Hoy, tras una prolongada espera de más de un siglo y medio, el trofeo de guerra más emblemático de la Guerra contra la Triple Alianza se prepara para cruzar la frontera de regreso a casa.
El presidente de Brasil, Luiz Ignacio Lula da Silva, dio el visto bueno político para la restitución del colosal Cañón Cristiano, una pieza de artillería que es, al mismo tiempo, un altar fundido de la fe de un pueblo y el símbolo viviente de su resistencia.
Para comprender la magnitud de esta devolución, es necesario viajar en el tiempo hasta los días en que el metal de los templos se transformó en fuego de defensa nacional.
Hacia finales de 1866, el Paraguay del mariscal Francisco Solano López se desangraba protegiendo el acceso fluvial a la patria. Ante la abrumadora superioridad de la escuadra de acorazados del Imperio del Brasil, surgió una idea audaz coordinada por el dibujante e ingeniero inglés Michael Hunter: fundir una bestia de bronce capaz de perforar las corazas enemigas.
La materia prima no provendría de minas lejanas, sino de las torres de las iglesias paraguayas.
En un acto de misticismo y fervor patriótico, los ciudadanos respondieron a la convocatoria donando voluntariamente las campanas de bronce de capillas y parroquias de toda la República. El metal que durante siglos llamó a los fieles a misa, ahora se fundiría en los altos hornos de la emblemática siderúrgica de La Rosada, en Ybycuí.
En enero de 1867 comenzó el vaciado.
La colosal estructura de 10 toneladas de peso fue posteriormente trasladada al Arsenal de Asunción, donde se realizó el taladrado y el barrenado final para dotarlo de una boca capaz de escupir balas esféricas de 10 pulgadas. Por el origen sagrado de su metal, el ejército y el pueblo lo bautizaron con un nombre inconfundible: El Cristiano.
A menudo se ha teorizado si una pieza de tal envergadura, fabricada en condiciones de extrema emergencia, era un mero elemento de propaganda o simbolismo. Los registros documentales de la época disipan la duda: el Cañón Cristiano era un arma plenamente operativa.
Fue enviado al frente sur para defender el estratégico complejo defensivo sobre el río Paraguay. Inicialmente sirvió en las baterías de Curupayty y luego fue movilizado para reforzar la gran fortaleza de Humaitá, el nudo gordiano que bloqueaba el avance de la flota aliada.
Sus operarios formaban parte del cuerpo de artillería de costa paraguaya, entrenados bajo la rigurosa doctrina de fortificaciones del fortín. El cañón no estaba destinado a batallas de campo abierto; su rol era el de un guardián pesado de ribera, diseñado para asestar golpes definitivos a los buques imperiales que osaran forzar el paso fluvial.
El destino del «Cristiano» cambió drásticamente en julio de 1868. Tras meses de asedio brutal, la fortaleza de Humaitá se volvió insostenible y las fuerzas paraguayas iniciaron la evacuación estratégica del sitio.
Por su inmenso peso de casi 11.000 kilos, mover el cañón a través de los esteros y el fango en retirada era una tarea imposible. El cañón fue saboteado y abandonado en las trincheras de Humaitá, donde las tropas brasileñas lo capturaron como el trofeo de guerra definitivo.

La imponencia de 11 mil kilos de bronce en un museo brasileño. Vuelve a Paraguay después de 158 años.
Para el Imperio del Brasil, el cañón hecho con las campanas enemigas representaba la máxima humillación al adversario.
Fue cargado con inmenso esfuerzo logístico en los buques de la flota brasileña que controlaba el río, y transportado río abajo durante la segunda mitad de 1868 hacia el estuario del Plata, para luego ser embarcado rumbo a la capital imperial.
Llegó a Río de Janeiro, donde fue recibido con celebraciones oficiales y depositado como patrimonio militar. Desde entonces, ha permanecido expuesto de manera permanente en el patio de armas del Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.
Durante más de 150 años, el Cañón Cristiano ha sido una herida abierta en la memoria histórica del Paraguay, un constante reclamo diplomático de soberanía y dignidad moral.

Tres gobernantes con el pensamiento dirigido al Cañón Cristiano. Pedro Alliana, Luis Ignacio Da Silva y el mariscal Francisco Solano López.
Recientemente, tras unas polémicas declaraciones del presidente brasileño sobre los orígenes de la guerra, el Gobierno paraguayo, liderado por el reclamo del vicepresidente, Pedro Alliana— reactivó formalmente el pedido de repatriación de los trofeos históricos. En un giro histórico, el presidente Lula da Silva, junto a su cúpula militar y el Ministerio de Defensa, dio la autorización política para destrabar el reclamo.
Aunque el traslado aún debe sortear complejos procesos burocráticos y legales en el vecino país, debido a que la pieza está catalogada como patrimonio histórico protegido por las leyes brasileñas, las cancillerías de ambos países ya se encuentran tejiendo los canales técnicos para su entrega formal.
El Cañón Cristiano se prepara para emprender su último viaje. No volverá para escupir fuego ni para alimentar viejos rencores, sino para descansar finalmente en la tierra que sacrificó hasta sus propios templos para defender su libertad