Líderes como Donald Trump y Nayib Bukele que decididamente han enfrentado al “establishment” anticristiano, tomaron la precaución de rodearse de asesores y consejeros espirituales principalmente evangélicos pentecostales.
En la antigüedad, los reyes se rodeaban de personas de confianza porque temían por su vida. Las Sagradas Escrituras narran que los coperos eran funcionarios de alto rango en la corte, Se encargaban de servir el vino al monarca y por su seguridad, probaban antes el aperitivo para demostrar que no estuviera envenenado.
La contaminación del alimento debía ser detectada por el copero, hombre de confianza. Hay varias historias que narra la Biblia, pero uno de los más trascendentes personajes dedicado a dicha responsabilidad fue Nehemías, copero de Artajerjes, determinante para la reconstrucción de los muros de Jerusalén destruidos un siglo antes por Nabucodonosor.
Hoy la política se maneja de otra forma y que se sepa, envenenar al gobernante, ya no es parte de la estrategia opositora. La contaminación para los gobernantes es espiritual. Conjuros, maldiciones, brujerías.
Donald Trump desafió los planes abortistas, pro LGTBi+ y desanduvo el camino que su predecesor, (quien envió a un embajador homosexual a promover su inclinación en la sociedad paraguaya) había establecido con bastante intensidad. Eran planes diabólicos y para enfrentar al diablo, es bueno estar cubierto espiritualmente. Se ha visto frecuentemente a Trump en su oficina oval, rodeado de ministros del Evangelio orando e imponiendo manos. Y uno puede preguntarse ¿Qué valor tiene eso? Vayamos a la Biblia y al testimonio:
“Ningún arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se alce contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos del Señor, y su justificación viene de mí —declara el Señor”. (Isaías 54:17)
Pensilvania, julio de 2024, en un mitin de campaña el tirador Thomas Mattew apuntó su “arma forjada” al rostro de Trump para liquidarlo de un solo impacto. La bala silbó en el oído del Presidente, le robó un poquitín de piel de la oreja. Inmediatamente el gobernante apareció con una “curita” como un arete y no pasó nada. No prosperó el disparo y por el contrario, el asesino fue abatido.
Trump es un ser tremendamente imperfecto, pero no se separa de sus asesores y consejeros espirituales cristianos ¿Y Bukele? Aunque nació en un hogar musulmán se convirtió al cristianismo y en su círculo hay un refuerzo de la presencia de ministros del Evangelio. Hay muchos opositores a su estilo de gobierno, pero el respaldo internacional a su gestión es indudable.
¿Y cómo andamos en Paraguay? Hasta donde sé, hay una muy débil presencia cristiana en el entorno de los gobernantes. Es un tema para enfocarlo mejor, pero por ahora, eso no quiere decir que estén desprotegidos en ese plano. Podemos entender que el Presidente Santiago Peña recibe presiones oscuras enormes por su idea de frenar la anticristiana ideología de género en las escuelas.
Las familias cristianas harán una marcha de defensa de los valores cristianos el próximo mes de octubre. Pero lo que corresponde decir es que los equipos intercesores en las distintas congregaciones cristianas se han ido fortaleciendo con el correr del tiempo y uno de los mandatos de Dios que no se pasa por alto es:
“Se debe orar por los que gobiernan y por todas las autoridades, para que podamos gozar de una vida tranquila y pacífica, con toda piedad y dignidad”. (1 Timoteo 2:2-versión Dios Habla Hoy)
Estoy absolutamente seguro al afirmar que nunca antes como ahora, los jefes de los tres poderes del estado están bajo la protección de la oración intercesora. Ellos y los que están sentados en “sillas de autoridad”. No vivimos como desearíamos y las condiciones permiten, pero cada vez vamos integrando grupos del “top 10” en crecimiento económico, inversiones, estabilidad social, control de la inflación. Promesa escrita: «Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola» (Deuteronomio 28:13 a)
Como hijos de Dios, no tenemos directamente el poder de cambiar las cosas como desearíamos, pero nuestra parte es batallar espiritualmente para seguir mejorando como nación.