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Dios, Patria y Familia

ARMADURA ESPIRITUAL PARA RESISTIR A FUERZAS OCULTAS

¿Sos víctima de un terror nocturno, fuerzas invisibles que no te dejan dormir, ataques demoniacos contra tu seguridad, tu estabilidad? Dios nos presenta el atavío espiritual para la guerra que todos libramos contra fuerzas oscuras. Necesitamos estar preparados.

“Porque nuestra lucha no es contra seres humanos, sino contra poderes, contra autoridades, contra potestades que dominan este mundo de tinieblas, contra fuerzas espirituales malignas en las regiones celestiales. Por lo tanto, pónganse toda la armadura de Dios, para que cuando llegue el día malo puedan resistir hasta el fin con firmeza. Manténganse firmes, ceñidos con el cinturón de la verdad, protegidos por la coraza de justicia y calzados con la disposición de proclamar el evangelio de la paz. Además de todo esto, tomen el escudo de la fe, con el cual pueden apagar todas las flechas encendidas del maligno. Tomen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios”. (Efesios 6:12,17)El apóstol Pablo nos da detalles de cómo están organizados los poderes oscuros: Hay príncipes, gobernadores, huestes. Y usó la figura de un soldado romano y su indumentaria de guerra para guiarnos a estar preparados para la guerra espiritual que es intensa y en todo momento. Nos exhorta a estar armados en el plano espiritual para resistir firmes hasta el final.

“Cinturón de la verdad”. Es la primera pieza que no nos puede faltar. Jesús dijo “Yo soy la verdad…”. Si no lo tenemos a Él como Salvador, en vano vamos a pretender resistir al diablo. Los integrantes de las legiones romanas necesitaban del cinturón para sujetar las otras piezas de la armadura y tener libertad de movimiento. Este cinturón espiritual nos da libertad para actuar en cualquier lugar como hijos de Dios.

“La coraza de justicia” se trataba de una malla de bronce que protegía el pecho del soldado, el corazón. En el creyente implica la justicia que Jesús consiguió para los creyentes en la cruz. Si nosotros aceptamos en nuestros corazones al Salvador, Él mismo se erige en una coraza para nuestra fe del engaño diabólico.

“Calzados con el Evangelio de la paz”. Implica que nuestros pies pisan firmes el terreno. Nuestra base es nada menos que el Evangelio de reconciliación con Dios. En la lucha espiritual, es una estribación firme, no vamos a resbalar y podremos compartir eso que Jesús nos dejó antes de retornar al cielo: “Mi paz os dejo, mi paz os doy”. Como creyentes debemos ser fuente de paz.

“Escudo de la fe para apagar flechas encendidas”. En las guerras antiguas, los dardos de fuego eran un arma destructiva enorme porque al impactar esparcían fuego por el combustible que traía consigo e incendiaba el lugar. Aquí nuestra fe en Dios es un escudo protector. Los dardos encendidos del enemigo representan esa voz maligna que nos susurra: “Vos sos un incapaz”, “no vas a poder con el examen”, mensajes que atacan nuestra estima para debilitarnos. El escudo es la fe puede contra ese ataque demoniaco.

“El casco de la salvación”. El yelmo romano protegía la cabeza del legionario y aquí la salvación protege nuestra mente del engaño satánico, de las tentaciones, sean sexuales, financieras, trampas para hacernos caer.

“La espada del espíritu que es la palabra de Dios”. Es el arma de ataque “vade retro Satanás”, “en el nombre de Jesús sal de ahí maligno”. También es arma defensiva. No es nuestra palabra la que tiene poder sino la palabra de Dios, también para movilizar poder del Todopoderoso. a nuestro favor. Un ejemplo, la palabra de Dios dice:

“y se humilla mi pueblo sobre el cual es invocado mi nombre, y oran, buscan mi rostro y se vuelven de sus malos caminos, entonces yo oiré desde los cielos, perdonaré su pecado y sanaré su tierra”.  (2 Crónicas 7:14)

En oración: “Señor tu palabra dice que si tu pueblo sobre el cual tu nombre es invocado, busca tu rostro y se vuelve de sus malos cambios, oirás, nos perdonarás y sanarás nuestra tierra.  Padre amado, tu nombre es invocado sobre Paraguay en el preámbulo de la Carta Magna, escucha nuestro ruego y sana nuestra tierra para que sea productiva y de ahí salgan alimentos para el mundo. Es tu palabra Señor, no nuestra…”

Para Dios todo es posible y para los que tienen fe, el poder de Lo Alto está sobre él.

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.