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Educación

¿QUÉ ESTÁ PASANDO?

Nací en el año 1959, hoy soy ingeniero agrónomo, egresado de la Universidad Nacional de Asunción (UNA), en el año 1983.
Soy de origen campesino, con abuelos maternos pudientes, pero un arribeño, enamoró a mi mamá, no fue aceptado por el abuelo y la pareja, con un hijo de 3 años, tuvo que dejar el abrigo familiar, y migrar a la capital, con una mano delante y otras detrás, para empezar de cero. Cuando eso, mis papás hicieron cosas que solo se hacen por amor.
Asistí a la escuela primaria con guardapolvo blanco, limpio, y al colegio, la secundaria, el uniforme era pantalón azul y camisa blanca, pero, los de la noche teníamos la opción de no usar uniforme porque veníamos directamente del trabajo. Había que ayudar a los papás.
En ese tiempo, tanto en la primaria, como en la secundaria, el alumno debía salvar las materias, y si se aplazaba, repetir el curso. ¿Porque hoy, prácticamente, no hay aplazados y menos alumnos que repitan el grado?
En el año 1979, ingresar a una universidad no era fácil, estaban solamente la UNA y la Universidad Católica (UCA), había muchos interesados, y para intentar superar con éxito los difíciles exámenes de ingreso los postulantes previamente debían cursar un intenso cursillo para reforzar los conocimientos recibidos en el colegio. Para los que venían del interior del país y del turno noche, la tarea se dificultaba más.
Los interesados eran muchos, las materias difíciles y, como había cupos, solo podían ingresar unos pocos. En la UNA, muchos que no ingresaron volvían a probar al año siguiente, en la UCA algunos optaban por otra carrera, con menos puntaje requerido y otros, dejaban la universidad. Hoy no se habla de gente que perdió el año por no ingresar a una universidad.
En ese tiempo, lastimosamente, ya se empezaba a ingresar a las facultades mediante distintos tipos de padrinos, aunque no eran muchos.
Una vez ingresado a la universidad, aunque los de la UNA nos creíamos algo mejores que los de la UCA, el estar en la universidad, y que te llamen “universitario”, ya era motivo de orgullo, mientras, en ambas casas de estudio, ninguna profesión se creía superior a las demás, sea arquitectura, medicina, ingeniería, agronomía, enfermería, veterinaria, periodismo, la carrera que sea. Los “universitarios” eran chicos solo con ganas de estudiar.
Los requisitos obligatorios en mi facultad no eran fáciles de cumplir, había rígido control de asistencia y se debía cumplir con un mínimo, que rondaba el 80 % a clases y el 100 % en las prácticas de laboratorio, entre otros, para tener derecho a examen de cada materia. Era disciplina elemental.
Y para los exámenes existía una norma muy clara, no servían como excusas culpar del aplazo al profesor antipático o a la materia difícil, el que estudiaba…aprobaba y allí no había padrinos que ayuden. Se buscaba la excelencia. ¿Hay alumnos que reprueban materias, hoy día?
Inclusive, en mis tiempos, si el alumno llegaba a aplazarse 2 veces, y volvía a reprobar el tercero, drásticamente, perdía la carrera. No conozco a nadie, de esta época, que haya perdido el año, en ninguna facultad.
Tampoco éramos santos, en algún momento hubo alumnos que conseguían los temas de examen, o profesores con ciertas debilidades, pero esas irregularidades si se descubrían…se corregía inmediatamente y, en eso, no había excepciones.
Especialmente, en la última década, nuestro pequeño país, con escasa población y aislado en medio de grandes vecinos, tenía pocas fuentes de trabajo, las industrias eran pocas, las grandes eran incipientes y con fuerte competencia en los países vecinos, coincidentemente, al final de cada año lectivo, la oferta de profesionales aumentaba a medida que egresaban más personas con título universitario, los puestos de trabajo se fueron llenando, esto para todas las especialidades, y no aparecían nuevos puestos de trabajo, o por lo menos, a la misma velocidad.
En ese tiempo, los nuevos profesionales también ingresaban a trabajar en el sector privado y se acomodaban de acuerdo a las circunstancias, pero el gran patrón siempre fue el Estado, y también allí existían, en algunos oficios más que en otras, los recomendados para ocupar los puestos de trabajo, pero aun así el profesional que fue favorecido por alguna recomendación, debía comportarse idóneamente, cumpliendo horario y aportando buena conducta, honradez, y algo más, siempre buscando la integridad pero sobre todo….se debía trabajar. ¿Se sigue buscando ser integro hoy día?
¿En qué momento cambio esto? Responder eso es para otro artículo.

Efraín Martínez Cuevas
Escritor y periodista
Escritor y periodista. Autor de «Carlos Alfaro, el devoto de la literatura francesa» (El Foro, Asunción, 2025).