
Taiwán (con más de 30 millones de habitantes) se constituye en uno de los principales mercados de la carne porcina de Paraguay.
La historia de la ganadería porcina en el continente americano está ligada de forma umbilical a sus raíces coloniales.
En 1493, Cristóbal Colón introdujo los primeros ejemplares en la Isla de La Española, iniciando una expansión de piaras ibéricas que transformó la dieta de toda América.
Durante siglos, el cerdo se convirtió en un pilar alimentario básico. Sin embargo, en Paraguay, su producción mantuvo durante generaciones una monotonía inquebrantable: el cuadrúpedo se criaba a pequeña escala, destinado casi exclusivamente al sustento de los hogares campesinos.
Ese paradigma doméstico ha quedado definitivamente en el pasado. En los últimos tres años, la industria frigorífica procesadora ha experimentado un vuelco radical gracias a la llegada de fuertes inversionistas decididos a cambiar el mapa económico del sector suino nacional.
El epicentro de esta revolución se encuentra en el distrito de Naranjal, donde se encamina el montaje de la infraestructura procesadora de carne porcina más grande de la región.

Julio de 1989, el ministro Hernando Bertoni, el director del SEAG, Juan Molinas y un técnico taiwanés en cría de cerdos, en un criadero experimental de Villarrica. Faltaban al menos dos década y media para llegar al gran objetivo de la exportación (foto archivo 24/7).
Este mega emprendimiento ha demandado ya la inyección de importantes sumas de capital, y las proyecciones estiman una inversión total de entre 300 y 500 millones de dólares para completar el complejo industrial.
El impacto de este despliegue financiero no es solo corporativo, sino profundamente social. El paso de la producción artesanal a la escala industrial masiva integrará activamente a miles de granjeros paraguayos en una cadena de valor altamente tecnificada, dinamizando la economía rural y generando empleos estables en el campo.
Este despertar agroindustrial responde directamente a la apertura de exigentes mercados internacionales, con el foco puesto en varios países asiáticos que ahora reciben los primeros embarques transoceánicos de carne porcina paraguaya.
Lo que nació hace más de quinientos años como una necesidad de subsistencia colonial se consolida hoy como uno de los motores exportadores más prometedores del Paraguay del siglo XXI.