“La familia es el fundamento de la sociedad. El Estado promueve y garantiza su protección integral. Esta incluye la unión estable del hombre y la mujer, a los hijos y a la comunidad que se constituya con cualquiera de sus progenitores y sus descendientes”. (Constitución Nacional-Artículo 49: “De la protección de la familia”)
La Carta Magna habla de “protección integral” de la familia cimiento de la sociedad paraguaya. Afirma que el Estado se propone establecer un conjunto de políticas, normativas y principios orientados a garantizar el bienestar, el desarrollo armónico y la seguridad del núcleo familiar y sus integrantes.
Considera abarcar distintos marcos legales y de acción para fortalecer la familia en nuestro país, pero hasta aquí sin embargo ha establecido un desparramo de instituciones inconducentes que actúan de un modo segmentado, no “integral”.
Hay un Ministerio de la Mujer, otro de la Juventud y un tercero de la Niñez y adolescencia, sin la visión integral proclamada en la Constitución. No solo hay un derroche presupuestario sino que una carencia de plataforma institucional articulada que le dé a la problemática del hombre, la mujer y el niño un enfoque sistémico capaz realmente de fortalecer esa institución básica de la sociedad.
El feminismo político se opone a que el Ministerio de la Mujer se integre a una institución más abarcante porque ha desatado una guerra contra el varón y la violencia entre sexos -por ese camino- ha aumentado porque legalmente se va instalando un plano de superioridad y privilegios para la mujer por ser mujer contra el varón por ser varón. Se intensifica en la sociedad una guerra de sexos donde pierden la mujer y el varón.
“El esposo debe amar a su esposa, así como ama a su propio cuerpo. El hombre que ama a su esposa se ama a si mismo. Porque nadie desprecia su propio cuerpo. Al contrario, lo alimenta y lo cuida, del mismo modo que Cristo cuida a la iglesia”. (Efesios 5:28,29)
El hombre que el feminismo ataca es el que -si hubiera un Ministerio de la Familia- sería orientado a dar y velar por el bienestar de su mujer, incluso morir por ella tal como Cristo se entregó por su iglesia. El hombre maltratador, no es promovido por la Biblia bajo ningún sentido y la protección de la mujer está en los principios bíblicos y no en los del feminismo.
Postergar el estudio serio y la aprobación de un Ministerio de la Familia, es sucumbir a los propósitos de la guerra de sexos que promueve el feminismo con resultados cada vez peores de violencia. El mandato de Dios es que el esposo “alimente y cuide” a su mujer como si fuera a su propio cuerpo. Claramente promueve una integración inseparable, unidad total, un matrimonio estelar.
“Grábate en el corazón estas palabras que hoy te mando. Incúlcaselas continuamente a tus hijos. Háblales de ellas cuando estés en tu casa y cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”. (Deuteronomio 6:6,7)
Los principios de amor matrimonial y familiar necesitan ser fortalecidos en nuestra sociedad. Y eso es imposible si no los aplicamos en el contexto constitucional que claramente es cristiano. La seguridad de la mujer, del hombre y de los niños debe encararse desde una perspectiva “integral”, término constitucional.
¿Cómo es posible postergar la creación del Ministerio de la Familia? Ni siquiera se habla de un aumento presupuestario sino de la articulación institucional de los presupuestos de los Ministerios de la Mujer, la Juventud y la Niñez y Adolescencia para darle eficacia y perspectiva orgánica a las políticas públicas.
“¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho y dejar de amar al hijo que ha dado a luz?”. (Isaías 49:15a)
Dios hace una pregunta y el feminismo que se opone al Ministerio de la Familia responde que “si” y que incluso puede matarlo en su propio vientre. No es posible entender no ya espiritualmente, sino que racionalmente que las feministas sigan frenando lo que la propia Constitución nacional promete y propone en su Artículo 49.
A no claudicar.