
A cinco kilómetros de Carapeguá, “Che lucero Aguaiý” surgió de la inspiración de “Kangué Herrero”.
“Che Lucero Aguai´y” no es solo una de las páginas más emotivas del cancionero nativo paraguayo; es un puente poético que conecta la pasibilidad de la vida campesina previa a 1864 con el torbellino de la Guerra contra la Triple Alianza.
Dedicada originalmente a una mujer de la antigua compañía Aguai´y, en Carapeguá (departamento de Paraguarí), esta pieza musical condensa el lirismo, la bohemia y el trágico destino de una generación de creadores que trocó guitarras por fusiles.
El artífice de esta obra fue Juan Manuel Ávalos, inmortalizado en la memoria popular bajo el peculiar apodo de «Kangué Herrero».
Oriundo de la misma comunidad de Aguai´y que da título a la composición, Ávalos era la estampa misma del artista popular de mediados del siglo XIX: robusto, de alta estatura, músico de profesión y dueño de una personalidad bohemia que lo hizo célebre en todo el noveno departamento.
En sus versos, el término aguaí juega una doble función estética: evoca al frutal nativo de los bosques sudamericanos y, simultáneamente, cartografía el hogar de la amada, transformándola en “mi lucero de Aguai´y”.
Según las investigaciones del célebre coleccionista e historiador Juan Silvano Mosqueira, la pieza fue concebida en los años de paz previos al conflicto bélico.
Sin embargo, la polca estaba destinada a mutar su significado en los campamentos militares.
Al desatarse la guerra, la imponente estampa de “Kangué Herrero” no pasó desapercibida; tras presentarse en el campamento de Cerro León, fue reclutado para el emblemático Regimiento Acá Carayá, la escolta presidencial del Mariscal Francisco Solano López.
El frente de batalla no apagó su pulsión creadora.
En las trincheras y refugios del Cuartel General de Paso Pucú, durante las tensas pausas que daba el fuego enemigo, Ávalos formó un mítico trío de músicos y poetas.
Entre las voces que daban vida a aquellas composiciones clandestinas se encontraba nada menos que el natalicio de la prensa paraguaya, Natalicio Talavera.

Natalicio Talavera
Juntos convirtieron la música en una trinchera espiritual, donde “Che Lucero Aguai´y” resonaba ya no solo como el lamento por la mujer distante, sino como el eco de un Paraguay idílico que se desvanecía bajo el humo de los cañones. “Toiko aipo ñorairo, / tove cañón tokororö, / nde rehe che korasö / che recove jepe toso”.
A más de ciento setenta años de su creación, la vigencia de esta obra maestra reside en la fuerza de sus intérpretes modernos.
Entre las múltiples lecturas que ha recibido a lo largo de las décadas, la versión grabada por el recordado Marco de Brix se erige como una de las más escuchadas y reverenciadas.

Marco de Brix.
Con su particular timbre y profunda carga dramática, Marquito devolvió a la vida el espíritu romántico y trágico de Juan Manuel Ávalos, demostrando que aquel lucero encendido en Carapeguá sigue iluminando el patrimonio cultural de todo un pueblo.