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Dios, Patria y Familia

PRINCIPIO DE LA SABIDURÍA ES EL TEMOR DE DIOS

“El principio de la sabiduría es el temor de Dios. Los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza” (Proverbios 1:7)

 

La Escritura no se refiere a un sentimiento como pánico o terror que paraliza sino a un respeto profundo hacia la majestad y poder de Dios. Se entiende que lo que El Señor dice es por nuestro bien y habla desde la verdad. Si nos creó por su inmenso amor, en su palabra hay sanidad, hay vida. Desestimarla y pisotear hubla es necedad, estupidez.

Cuando los granizos del sábado comenzaron a abollar coches, romper parabrisas y desesperadamente la voz de automovilistas dejaban escuchar un “Dios mío” en claro sentido de plegaria, cuando en las casas el golpe sonaba como un proyectil de grueso calibre contra los techos y de inmediato hilos de agua empezaban a chorrear por las roturas que la granizada había abierto en las tejas, el nombre de Dios empezó a

significar un pedido de piedad.

“Dios mío” es una voz que en la desesperación cobra la importancia de un escudo. Nos apropiamos del Todopoderoso. “Mío” le decimos pero muchas veces es tan solo como aquellos humanos desinteresados de las cosas de Dios que luego de 100 años de que el fiel Noé construyera el arca, al fin entendieron que había sido verdad el anuncio del diluvio.

Solo que ya fue tarde porque cuando acudieron desesperados para salvarse del ahogamiento, la puerta de embarque ya fue cerrada por el mismo Dios. El sábado no se cerró ninguna puerta sino que se anunció una vez mas por los altavoces, que está próxima una partida trascendente. El acontecimiento que la cristiandad aguarda es la venida de Jesús hasta las nubes, para retirar a los suyos con vistas a una fiesta en el cielo: “La Cena de las Bodas del Cordero” que marcará la unión eterna del Salvador con su iglesia.

Los interesados en ser parte de la celebración deben ser cristianos crecidos en el conocimiento de la palabra. Hay que estar preparados, escudriñando las Escrituras y en oración. Esto es ser sabios, entendiendo que como Jesús lo explicó, son tiempos en que van a producirse dolores como de parto. Aumento de frecuencia de contracciones consistentes en terremotos, hambrunas, guerras, amenazas de guerra, plagas, erupciones volcánicas, incendios de grandes proporciones, desastres naturales, hasta llegar el alumbramiento.

Los creyentes veremos la luz de Jesús que viene por nosotros. Primero será la resurreccion de los cuerpos de cristianos. Subirán de los sepulcros el en modo glorioso para encontrarse con sus almas y espíritus que están con Jesus en las nubes. Luego los cristianos vivos, cambiaremos el cuerpo que vino del barro por uno que viene de Dios para reunirnos todos e ir al cielo a disfrutar por 7 años de la fiesta de bodas.

Los que se queden, pasarán aquí abajo lo que la Biblia denomina “Tribulación y Gran Tribulación” bajo el gobierno del anticristo secundado por Satanás. Serán 7 años de sufrimiento, mientras en el cielo, habrá 7 años de fiesta. Y en la tribulación los desastres serán los más graves en toda la historia de la humanidad.

“Y se desató en el cielo una granizada  tan grande que cada uno de los granizos que caía sobre la humanidad pesaba alrededor de 40 kilos. Y la humanidad maldijo a Dios por esa terrible plaga”.(Apocalipsis 16:21)

La granizada del sábado es una insignificancia frente a la que sobrevendrá durante el juicio que Dios enviará a la tierra contra los que se levantaron contra Él y rechazaron sus propósitos. Y luego de 7 años, Jesús montado en un caballo blanco descenderá al frente de un ejército de ángeles a fin de acabar con sus enemigos. Apocalipsis dice que vendrá con ropa ensangrentada, ya no como Salvador sino para hacer la guerra y destruir a los que se levantaron  contra Él y luego gobernará por mil años desde Jerusalén.

Necesitamos estar atentos a las señales que fueron profetizadas para que entendiéramos que los tiempos de la gracia van tocando a su final. Es tiempo de retornar a Dios. Por más de 2 mil años nos ha estado llamando y pronto derramará su ira. Es de sabios entender los tiempos por medio de discernir las señales que aparecen ante nuestros ojos.

Hoy nos exhorta: “Hijo mío, dame tu corazón y que tus ojos se deleiten en mis caminos de sabiduría”. (Proverbios 23:26)

Escucha al pueblo, ama a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda su fuerza. Hay eternidad de gozo en sus palabras.

Mañana puede ser tarde.

Carlos Alberto Rodríguez
Periodista - Columnista
Periodista. Escribe la columna fija «Dios, Patria y Familia» en 24/7.